jueves, 26 de enero de 2017

¿Quién echa de menos a RTVV?


¿Es necesario un ente de comunicación público en la Comunidad Valenciana? Sí. ¿Es necesario para promocionar y fortalecer el uso del valenciano? Sí. ¿Es necesario para poder contar con una oferta de información y entretenimiento diferenciada del resto de medios de comunicación públicos y privados de ámbito estatal? Sí. ¿Es necesario ponerlo en marcha para volver a impulsar al sector audiovisual valenciano? Sí. Podríamos encontrar decenas de razones para apoyar la vuelta de Radio Televisió Valenciana (RTVV), y frecuentemente son estos argumentos los que esgrimen aquellos que piensan que con RTVV vivíamos mejor. O por lo menos creíamos que vivíamos mejor.

Y es que en el caso de la extinta RTVV, la mayoría de las preguntas anteriores podrían responderse con un ¿Para qué? Como periodista y ciudadano, si me preguntan si son necesarios medios de comunicación públicos en valenciano y de calidad, la respuesta es un rotundo sí. Un sí pensando en un medio donde se respete y se promocione la lengua propia, y donde se informe realmente y de la forma más profesional y veraz de lo que pasa entre Vinaròs y Orihuela.
Pero no es el caso de RTVV. Si bien nació con esos propósitos, pronto se vio que no seguiría el camino para el que había sido creada. La politización comenzó con el PSPV, y se asentó con el Partido Popular, que tuvo más de 20 años para moldearla a su antojo. En los últimos años, los servicios informativos del ente público valenciano sirvieron para loar las glorias del PP de la Comunidad Valenciana, silenciar cualquier voz crítica con la gestión 'popular' y esconder todo lo que no fuera fiesta, sarao y algodón de azúcar.
Los gestores y directivos que fueron pasando por RTVV pensaron, además, que el valenciano estaba de más en la parrilla, salvo en los informativos y en Nou 2, segundo canal de la televisión pública. Castellano por un tubo y una programación que en ocasiones provocaba una mezcla de asco y vergüenza ajena llevaron a la televisión pública a unos niveles de audiencia que en varias ocasiones no pasó del 0%.
Y no hay que olvidar el papel cómplice de buena parte de la plantilla del ente, que únicamente alzó la voz cuando vio que el cierre se consumaba. Salvo honrosas excepciones, la mayoría de periodistas decidió asumir como propio el mensaje de la dirección, y al igual que se dejaron manipular por ella, quisieron manipular a la sociedad valenciana para hacernos creer que no tenían opción, y que sí, que se habían equivocado, pero que eso era agua pasada y que debíamos apoyarlos en sus reivindicaciones. ¿Debíamos hacer caso a unos profesionales que después de consentir al poder político manipular a los ciudadanos de la Comunidad Valenciana durante 20 años nos pedían ahora su colaboración? Como ciudadano y como profesional, mi respuesta es que no.
Nadie sabe cómo será la nueva radio y televisión públicas valencianas. Seguramente mejor que la que había, seguramente con más presencia del valenciano, seguramente con el objetivo de unos servicios informativos más profesionales y menos dependientes del poder político. No sería difícil conseguirlo, visto su precedente. Particularmente, no echo de menos a Radio Televisió Valenciana. Y creo que buena parte de la sociedad valenciana, tampoco.

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