lunes, 27 de junio de 2016

#26J: Uno gana, los demás se estrellan

La carrera de ayer ya ha acabado. El coche azul ha llegado intacto a la meta y ha ganado. El morado, al que todo el mundo daba como segundo, ha cosechado el mismo tiempo que en la carrera del 20 de diciembre, echando por tierra todas sus expectativas y llegando tercero. El coche rojo, que había acabado la carrera anterior en segunda posición, ha llegado con el depósito en reserva a la meta, aunque ha logrado mantener su posición. Finalmente, el coche naranja perdía aceleración al empezar la carrera y quedaba relegado a la cuarta posición, a pesar del empuje que experimenta su piloto entre los aficionados.

Perdonen el símil automovilístico, pero creo que refleja lo que pasó anoche. Vayamos por partes.


Partido Popular.- El ganador absoluto de la noche de ayer. Con algo más de 7,9 millones de votos y un 33% de los votos, logra 137 diputados, recuperando unos 700.000 votos respecto la pasada cita electoral. Ni las previsiones más optimistas daban a Mariano Rajoy este resultado. Ni los casos de corrupción ni los recortes ni la inacción del PP en el período de negociaciones para conformar nuevo Gobierno le pasan factura. Es más, esta subida que ha experimentado el partido de Rajoy viene en buena medida gracias a la recuperación de parte de su electorado que el 20 de diciembre votó a Ciudadanos.
El PP ha estado repitiendo que debería votar el partido más votado. Como ganador, le corresponde a Rajoy buscar las fórmulas para formar Gobierno. Es el momento de que el actual presidente en funciones se siente a negociar. Ahora tiene más fuerza que en diciembre, pero la situación es complicada. Ningún partido ha explicitado que apoyará al candidato del PP, quien va a tener que ceder en algunas cosas si quiere el éxito en la investidura. Dejar gobernar a la lista más votada no significa que el resto de partidos vaya a otorgarle un cheque en blanco.


Partido Socialista Obrero Español.- La situación de Pedro Sánchez y el PSOE es paradójica, ya que gana y pierde a la vez. Con las cifras en la mano, los socialistas únicamente se dejan unos 100.000 votos respecto el mes de diciembre, con un 22,66% de los votos emitidos. El PSOE pierde cinco escaños y se queda con 85 diputados. Las cifras, por tanto, aseguran que el PSOE ha perdido. ¿Y por qué no da esa sensación? Porque en esta ocasión, la campaña para el PSOE no era para ganar, sino para evitar quedar relegado a la tercera posición. Las encuestas han fallado estrepitosamente, y lo mantienen en segunda posición. Pedro Sánchez evita el 'sorpasso' y de paso le lanza un mensaje a Pablo Iglesias. Y al evitar ese 'sorpasso', de paso refuerza su posición a nivel interno, sobre todo de cara a Susana Díaz.
¿Qué hará el PSOE a partir de hoy? Es una incógnita. Con el fantasma de Podemos ya desvanecido, seguramente Sánchez y el PSOE mantendrá el órdago y no apoyará un Gobierno de Rajoy. Los números tampoco dan para que encabece un Gobierno progresista, ya que la suma con otras fuerzas de izquierda no proporciona los apoyos suficientes. Aunque no descarten ningún movimiento, el PSOE es experto en descolocar al personal con sus ataques de "responsabilidad".


Unidos Podemos.- Uno de los perdedores, aunque con matices. A nivel nacional, y sin sumar las diferentes confluencias a nivel autonómico, logra algo más de 3,2 millones de votos, un 13,37% de los votos emitidos. Esto le otorga 45 escaños. La suma de Podemos y Unidad Popular (IU) en diciembre sumaban algo más de cuatro millones de votos, aunque un escaño menos. La suma de las confluencias (en Cataluña, Comunidad Valenciana y Galicia) suman un total de 71 escaños, es decir, los mismos que en diciembre si sumamos a Podemos y las Confluencias y Unidad Popular (IU). En suma, se han perdido votos y se han logrado los mismos escaños.
Varias conclusiones, por tanto.La confluencia entre Podemos e Izquierda Unida no ha sumado, sino más bien todo lo contrario. La baja participación y el voto del miedo, sumado a la actual ley electoral, han propiciado que la sangría en el PSOE no fuera la esperada y que el 'sorpasso' no se haya producido. Es prácticamente imposible que Unidos Podemos pueda articular un gobierno de coalición prgresista con estos resultados, más teniendo en cuenta que no se ha convertido en la fuerza hegemónica de la izquierda. Las ilusiones proyectadas tras el acuerdo entre Pablo Iglesias y Alberto Garzón no se han traducido en votos reales. ¿Acaso la baja participación de las bases de ambas formaciones a la hora de refrendar el acuerdo no hizo reflexionar a Iglesias ni a Garzón? Con las cifras en la mano, no puede hablarse de fracaso, pero esa sensación se ha instalado en las dos formaciones. Muchos de los votantes que en diciembre depositaron su voto en las dos formaciones cuando concurrían por separado no han apostado por la confluencia, con lo que puede hablarse de un error de cálculo bastante considerable. La continuidad de la confluencia y, por tanto, de sus dos máximos impulsores, queda en entredicho. Habrá que ver cómo gestionan esa sensación de frustración.


Ciudadanos.- El otro perdedor, sin matices. El partido dirigido por Albert Rivera se deja unos 400.000 votos, logra un total de 3,12 millones de sufragios, un 13,05% del total, y pasa de los 40 diputados de diciembre a los 32 actuales.
Hay muchas razones para esta derrota, aunque la principal es que mucho del voto prestado que recogió del PP en diciembre ha vuelto a su redil original. El pacto con el PSOE ha hecho mucho daño. Rivera pensó que vestirse con la tela del pactismo le daría una mayor credibilidad y ascendencia entre el electorado, algo que se ha demostrado erróneo. A partir de ahora, Rivera deberá decididir si se queda cuatro años en la oposición o cede y apoya al PP para que pueda haber algún tipo de Gobierno en España. Las dos opciones son malas para la formación naranja, y las dos van a propiciar una sustancial pérdida de apoyo. La cuestión es con cual de las dos la sangría va a ser menor.

PD.- Las empresas demoscópicas deberían hacérselo mirar. Todas han fallado estrepitosamente, ninguna se ha acercado ni lo más mínimo a lo que ha sido el resultado definitivo.

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