viernes, 15 de abril de 2016

Vergüenza

Si prestan un poco de atención, hoy en día no es nada difícil encontrar situaciones y estímulos suficientes para avergonzarse. La oferta es casi infinita, así que ahí van unos ejemplos.

Es vergonzoso que nueve de los diez concejales del Partido Popular en la ciudad de Valencia fueran imputados por un delito de blanqueo de dinero. Sonroja ver su actitud y respuesta ante este hecho: seguir en sus trece y mantener su acta de concejal, aferrándose a un cargo que, aunque les pertenezca por ley, no lo merecen. Da vergüenza ver a la ex alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, salir a la palestra exigiendo explicaciones a todo el mundo en lugar de darlas, parapetada tras su aforamiento, haciendo gala de la misma soberbia que aireaba cuando se comportaba como la dueña del Cap i Casal o cuando se reunía en privado con Mariano Rajoy en el Palacio de La Moncloa.
También da vergüenza recordar que han sido personas como Francisco Camps o la propia Rita Barberá los que han regido los destinos de los ciudadanos de Valencia y la Comunidad Valenciana durante años, jugando al juego de los grandes eventos y la pomposidad mientras dilapidaban el presente y futuro de los ciudadanos engordando una deuda que tardará en pagarse años.
Es una vergüenza ver como la clase política de este país es incapaz de hacer, simple y llanamente, su trabajo. Piensen que todos y cada uno de los trabajadores de este país se juegan su empleo cada día. Ellos no. Han sido capaces de dinamitar la ilusión de cambio que tenía mucha gente. Han sido capaces de decirnos a los ciudadanos que no hemos sabido votar bien porque no le hemos dado a ninguno de ellos la mayoría suficiente para poder formar gobierno. Sonroja ver al presidente en funciones dejar pasar el tiempo desde el 20 de diciembre del pasado año, sabiendo que nadie quiere pactar con él, esperando que se quemen los demás y responsabilizando al resto de grupos políticos por su imposibilidad de entenderse con nadie. Sonroja ver al líder del PSOE, Pedro Sánchez, lanzarse a los brazos de lo que él mismo llamó "las nuevas generaciones del PP", esto es, Ciudadanos y su líder, Albert Rivera, para lograr un acuerdo que sabía que no sería refrendado por sus aliados naturales, esto es, la izquierda parlamentaria. Da vergüenza ver al líder de Podemos, Pablo Iglesias, lanzando propuestas maximalistas del 'todo o nada' y despreciando a todo aquel que quisiera negociar con él. Avergüenza la actitud del propio Rivera, que va cambiando de argumento y estrategia según conviene.
Sonroja, y mucho, que las élites financieras y políticas de medio mundo estén presentes en paraísos fiscales. Produce vergüenza que muchos de los salvapatrias que pululaban hasta hace dos días por los medios de comunicación dando lecciones de moralidad y ética hayan salido fuera para tributar menos impuestos. Los Papeles de Panamá han puesto en su sitio a personajes como José Manuel Soria -ya ex ministro de Industria-, Pedro Almodóvar, Bertín Osborne y a toda una pléyade de personajes de la 'jet set' de este país, y han evidenciado que muchas de las personas que copan las altas esferas en España tienen serios problemas, ya que muchos no sabían que estaban en empresas 'offshore'. Hay que tener mucha cara para exigir a los demás pagar religiosamente sus impuestos, poner la unidad de la patria por encima de todo y dar lecciones cuando por la espalda tributas tus impuestos a través de empresas pantalla -como José María Aznar- o cuando durante años has blanqueado dinero conseguido con la estafa de Banesto -como Mario Conde-.
Pero sobre todo, da puta vergüenza ver en lo que se ha convertido Europa. El sueño europeo que nació tras la Segunda Guerra Mundial está muerto y enterrado. La Unión Europea se ha convertido en un foro de mercachifles en el que dos o tres líderes deciden el futuro de los demás bajo amenazas y extorsiones. Pero sobre todo, Europa ha dejado de lado su lado humano. Comercia con las vida de miles de refugiados sin importarle sus vidas. Es capaz de mantenerlos hacinados en campos en condiciones infrahumanas, negociando con Turquía a cambio de migajas. Y lo peor es que a esos líderes no les importa una mierda lo que les pase a esos refugiados, duermen tan tranquilos en sus camas mientras miles de personas tienen que apañarse entre el barro, la lluvia y el frío.

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