lunes, 21 de diciembre de 2015

#20D: Todos ganan, todos pierden




Ya tenemos “lio”, tal y como definía ayer Mariano Rajoy la composición del Congreso de los Diputados tras las elecciones generales celebradas ayer. Viendo las comparecencias de los candidatos, todo el mundo gana, aunque esto no es nuevo. Es una escena que se repite comicio tras comicio. Sin embargo, según el análisis, en esta ocasión puede no ser del todo falso.

Partido Popular.- En términos absolutos, el ganador de las elecciones generales del 20 de diciembre. Logra 123 diputados con algo más de 7,21 millones de votos. Se deja en el camino desde 2011 más de tres millones y medio de votos y 63 diputados, cosechando el peor resultado de su historia desde 1989.
Aunque numéricamente es el más legitimado para formar gobierno, Mariano Rajoy lo tiene prácticamente imposible para repetir como presidente del Gobierno. La suma de sus diputados y los de Ciudadanos no le permite llegar a los 176 diputados que marca la mayoría absoluta. Debería sumar a otras fuerzas de carácter conservador, incluyendo a Democracia y Libertad (CiU) y el Partido Nacionalista Vasco, algo que parece muy improbable, sobre todo en el caso de la formación catalana. El rodillo que ha aplicado el PP en el Congreso de los Diputados la pasada legislatura le deja prácticamente solo y le obliga a una larga travesía en el desierto. Pero como se pueden imaginar, una epifanía en las filas populares es posible, y donde dije digo ahora puedo decir Diego sin ningún tipo de problema.
Partido Socialista Obrero Español.- Pedro Sánchez salía ayer con una sonrisa de oreja a oreja. No es para menos. El PSOE logra ser la segunda fuerza más votada en todo el Estado. Cinco millones y medio de votos que se traducen en 90 diputados, el peor resultado de su historia. Aún así, ha logrado retener a Podemos en la tercera posición, y se perfila como alternativa al PP en el caso de que Mariano Rajoy o cualquier otro candidato popular no lograra los apoyos suficientes.
Sin embargo, Sánchez tiene las mismas dificultades para formar Gobierno que Rajoy. Necesitaría a Podemos –y a todas las fuerzas que han confluido con la formación morada en distintas comunidades autónomas-, a Unidad Popular (IU) y a algún que otro partido nacionalista “de izquierdas”, como Esquerra Republicana de Catalunya o EH-Bildu, sin desdeñar incluso a Coalición Canaria. Situación muy poco probable, sobre todo en el caso de los catalanes, ya que los socialistas se niegan a llevar a cabo el referéndum que pide ERC.
Otra posibilidad que se abre para el PSOE es permitir gobernar a Rajoy y a mitad de legislatura presentar una moción de censura. Esta opción también parece poco probable, sobre todo por la poca valentía que ha demostrado el PSOE en los últimos tiempos apelando a su sentido de la responsabilidad.
Podemos.- Sin duda, los ganadores reales de la noche, aunque también pierden algo. Veamos. Además de los 42 diputados conseguidos a nivel nacional –logrados con 3,18 millones de votos-, habría que sumar los 12 de En Comú Podem (Cataluña); los 9 de Compromís-Podemos És el moment (Comunidad Valenciana); y también los 6 de En Marea (Galicia). En total, 69 escaños. Certifica su remontada y sobrepasa con holgura a Ciudadanos, la otra gran fuerza emergente. Es la novia que le ha tocado al PSOE si éste quiere gobernar.
Pablo Iglesias no podía esconder ayer su satisfacción, y no es para menos. Con todo, hay que recordar que Podemos llegaba a las elecciones generales para ganar, cosa que no ha hecho a pesar de haber ido modulando su discurso en los últimos tiempos con el objetivo de no espantar a sus potenciales votantes de eso que se llama el centro político. Además, deberá lidiar con esas otras fuerzas a las que se ha aliado en Cataluña, Comunidad Valenciana y Galicia. El caso más peliagudo lo tiene en Valencia, ya que la otra pata de esa alianza, Compromís, puso como condición irrenunciable tener un grupo parlamentario propio. ¿Renunciará Iglesias a esos nueve diputados, o por lo menos a los adscritos a Compromís?
Ciudadanos.- Otra de las fuerzas emergentes que entra en el Congreso de los Diputados, aunque con una menor fuerza que la que le daban las encuestas y que a nivel interno hubiera deseado. Albert Rivera, con todo, comparecía ayer con una gran sonrisa y enarbolando la bandera del centro político –una bandera que por cierto enarbola ya el PP y en menor medida el PSOE-. Ayer lograba más votos que Podemos -3,5 millones de sufragios- pero se quedaba en 40 escaños. Todo el mundo le sitúa como aliado del PP, aunque habrá que ver si en la práctica el partido de Rivera es capaz de apoyar un Gobierno encabezado por Mariano Rajoy, habida cuenta de lo dicho en campaña electoral.
Sin embargo, la alianza con Ciudadanos puede ser más una losa para el PP que una bendición. Supongamos que la formación naranja le da su apoyo a Rajoy. La suma de ambas llega a los 163 diputados, trece por debajo de la mayoría absoluta. Habida cuenta de la fobia nacionalista en Ciudadanos, ¿toleraría Rivera tener como compañeros de viaje a Democracia y Libertad, o al Partido Nacionalista Vasco? Parece casi imposible. Además, después de lo dicho en campaña, ¿será capaz Rivera de dejar que Rajoy sea presidente del Gobierno?
Unidad Popular-Izquierda Unida.- Uno de los grandes perdedores, o de los grandes ganadores, según se mire. En términos absolutos, la candidatura de Alberto Garzón pierde unos 700.000 votos y nueve diputados, quedando únicamente con dos. Imposible formar grupo parlamentario propio. Hay que reconocer que la campaña electoral del candidato ha sido maratoniana, y que gracias a la misma ha logrado evitar su desaparición del hemiciclo, una situación que llegó a ser más que una posibilidad hace unos meses, cuando todas las encuestas les daban por defenestrados.
Sin embargo, IU no debe caer en la autocomplacencia. Es cierto que sus dos diputados pueden ser clave para conformar una alianza de izquierdas en el Congreso y que la actual ley electoral penaliza a la formación de izquierdas, pero el análisis no debe quedar ahí. Podemos ha adelantado por la izquierda a Izquierda Unida, y lo ha hecho en gran medida por el conformismo de sus viejos aparatos que no supieron virar a tiempo.

Lo que sí deja claro las elecciones de ayer es que hay que cambiar la ley electoral y encontrar una fórmula que se acerque más a lo que quiere la ciudadanía. Los partidos que quieren hacerlo se van a encontrar con el muro del PP y del PSOE -demasiado beneficiados con el sistema actual para querer cambiarlo-, reforzados por los partidos nacionalistas que ven en la Ley D’Hont la forma perfecta para seguir teniendo representación en Madrid.

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