lunes, 25 de mayo de 2015

El Apocalipsis no ha llegado


Una campaña electoral puede asustar a más de uno. Ese es el caso de nuestro protagonista, MR. Tras conocer el resultado de las elecciones municipales y autonómicas, decidió atricherarse en casa. Después de semanas oyendo a algunos de los líderes conservadores de este país le entró miedo. Cuba, Venezuela, el comunismo, ETA.. Según algunos medios de comunicación, se acercaba el apocalipsis si no ganaba el Partido Popular.

Suena el despertador y MR se levanta. Tras una noche tranquila, decide asomarse a la ventana. Ya hay movimiento en la calle, como todos los días. Coches que van y vienen, personas que llegan tarde a coger el autobús, el horno y el bar de la esquina abiertos... Aunque ha habido un vuelco en toda España, parece que todo está en su sitio, como todos los días.
Ya en la calle, MR constata lo que ya ha visto antes por la ventana. No hay altercados en la calle, ni grupos de izquierdosos y perroflautas saqueando los comercios. "Seguramente mi coche estará destrozado", piensa. Pero no. Allí está, como lo dejó ayer por la tarde. Pero al tratar de ponerlo en marcha se da cuenta que, con las prisas, se ha dejado las llaves en casa. "Da igual, cogeré el tranvía". Hasta que llega a la estación, se da cuenta de que los colegios concertados de su barrio siguen intactos, y que la iglesia que hay junto al descampado que debería ser un parque hace doce años no ha ardido.
MR espera que milicianos comunistas y anarquistas le pidan la documentación mientras espera. Nada sucede. Sube al primer vagón, desde donde puede ver al conductor. "Qué raro", piensa. Y es que el trabajador no ha salido a burlarse de nadie ni despotrica de su empresa, no deja su puesto de trabajo. Simplemente hace su trabajo.
MR llega a su trabajo. Aquí nada cambia. Su jefe sigue con la misma mala leche que antes de las elecciones. Pasa la mañana trabajando a destajo por un sueldo de mierda, como siempre.
A la hora de comer, baja al bar y se sienta en una mesa. Las mismas caras de siempre, los mismos menús de siempre al mismo precio de siempre. En la televisión, MR puede comprobar como en el resto de ciudades españolas donde no ha ganado la derecha tampoco ha habido altercados ni ningún tipo de revolución. en el bar hay de todo. MR le pregunta al camarero si no han notado falta de alimentos o suministros. "No, ¿por?", responde.
Tras una dura tarde de trabajo, MR vuelve al hogar algo más tranquilo. Igual que durante la mañana, nadie le importuna, salvo un borracho que ha decidido que el vagón del tranvía es el lugar perfecto para mostrar a los demás sus artes interpretativas. Antes de llegar a casa pasa por el supermercado. Las estanterías están llenas de productos, como siempre. "Parece que no hay desabastecimiento", piensa. Y es que MR llegó a creerse a los que decían que España se convertiría en Cuba o Venezuela si no ganaba el PP.
Una vez en casa, nuestro protagonista enciende la televisión para ver las noticias. Tras un concienzudo repaso electoral y los consiguientes análisis de pactos post-electorales, MR pone atención, pero no escucha lo que espera. ETA no se ha apoderado de las instituciones, ni ha reaparecido. Tras una ducha, cena y, por fin, MR se relaja en su sofá. Está algo más tranquilo que cuando despertó esta mañana. "Pues parece que el Apocalipsis no ha llegado", rumia, mientras poco a poco va cayendo en los brazos de Morfeo a la espera de un nuevo día.

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