viernes, 10 de abril de 2015

RIP por UPyD

Los resultados en Andañucía han precipitado la crisis en UPyD
Si hace sólo unos meses alguien le hubiera dicho a Rosa Díez que el partido que fundó allá por 2007 entraría en una especie de círculo vicioso autodestructivo que lo llevaría prácticamente a su desaparición, seguramente lo habría tachado de loco. Con esa expresión de autosuficiencia que la caractaeriza, no sabemos si voluntaria o no, la líder magenta habría esbozado una incrédula sonrisa, esa sonrisa que en los últimos tiempos parece una mueca forzada.

La realidad es muy tozuda. En UPyD las aguas nunca han bajado todo lo tranquilas que se desearía. Y en los últimos meses, ese rumor se ha convertido en una fuerte marejada. Comenzó cuando su ya ex portavoz en el Parlamento Europeo, Francisco Sosa Wagner, abandonó su puesto por discrepancias irreconciliables con Díez. ¿Lo recuerdan? La mayoría de los líderes de la formación masacraron a Wagner acusándolo como poco de traidor. Tras las elecciones andaluzas, todo se precipita. UPyD no logra entrar en el Parlamento de Andalucía. Son numerosas las voces dentro del partido que piden un cambio de rumbo y lamentan que no se haya llegado a un pacto con Ciudadanos. La reunión de la dirección de la formación magenta que sigue a este fracaso no hace sino confirmar la debacle. No se tomarán decisiones hasta ver los resultados de las elecciones autonómicas de mayo, y Rosa Díez se blinda en la dirección gracias a sus más afines.
El candidato a presidir la Generalitat Valenciana, Toni Cantó, en un acto público, renuncia a ser el candidato y a su escaño en el Congreso de los Diputados, pero mantiene su militancia. Irene Lozano, otrora punta de lanza en las críticas hacia el díscolo Wagner, anuncia que presentará su candidatura en el Congreso que UPyD celebrará en junio para disputarle la presidencia a Rosa Díez. A esto sumen las medidas disciplinarias que ha impuesto la dirección contra los díscolos. Expulsa a Ignacio Prendes, único diputado de la formación en Asturias, por criticar la deriva del partido y por fomentar pactos con Ciudadanos. Los eurodiputados Fernando Maura y Enrique Calvet, han dejado su militancia en el partido, partiendo en dos la representación que UPyD tiene en Europa.
Unión, Progreso y Democracia se está desintegrando a una velocidad de vértigo. Desde la sangría de Andalucía, el Consejo de Dirección de UPyD no se ha movido nada. A quien no se oye ahora es a todos esos artistas e intelectuales que arrimaron el ascua a la sardina magenta. Aquellos apoyos explícitos de los Fernando Savater o Mario Vargas Llosa, o los artículos publicados en El Mundo pidiendo el voto para UPyD forman parte de la hemeroteca. Nadie habla de la caza de brujas desatada en el seno del partido para apartar a los díscolos y para asegurar el liderazgo de Rosa Díez sin que nadie se salga un pelo de la línea oficial. Como ven, al final UPyD se ha convertido en eso que decía combatir, esos partidos políticos tradicionales mastodónticos sin hueco para la crítica y el debate interno.
Pero los problemas de la formación magenta no son sólo internos, sino que también hay que buscarlos fuera. No olvidemos la irrupción de Ciudadanos y, sobre todo, la de su líder, Albert Rivera, en el panorama político nacional. Aunque Rivera es ya conocido en Cataluña, en los últimos meses ha pasado de ser un desconocido en el resto del Estado Español a una de las caras más visibles de la "nueva política". Lo que no calibró bien UPyD es que Rivera, al fin y al cabo, es más joven y más "nuevo" en esto de la política. Rosa Díez, por su parte, es una veterana, ha militado en el PSOE y ha vivido de la política siempre, por mucho que se empeñe en negarlo. Además, para los votantes desencantados del PP, Ciudadanos representa una mejor opción que UPyD, que ve que la formación de Rivera se ha convertido en la nueva marca blanca de la derecha política en España.
Rosa Díez, y por extensión UPyD, cabalga desbocada hacia el precipicio, convencida de que es la tierra la que se mueve bajo sus pies y no ella la que se abalanza hacia el abismo, segura de que es el resto del mundo el que está equivocado. Porque esa autocrítica de la que habla la líder magenta no es otra cosa que autoexcusas y búsqueda de culpabilidades y enemigos exteriores. No les quepa duda. La única que no ve que UPyD se desmorona es Rosa Díez, que mientras cabalga piensa en lo cabrones que son todos los demás.

No hay comentarios:

Publicar un comentario