martes, 14 de octubre de 2014

Adivina, adivinanza

Este país tiene dos reyes. El padre, que fue rey muchos años gracias a un dictador que un buen día decidió ponerlo a reinar cuando él falleciera, hizo y deshizo a su antojo, siempre con el beneplácito de los demás poderes del Estado y el silencio de los medios de comunicación. Sin embargo, en sus últimos años de reinado, se vio salpicado por ciertos escándalos –relacionados con elefantes, consortes y ciertas denuncias de supuestos hijos ilegítimos- que lo obligaron a abdicar a regañadientes para que en ese país los ciudadanos no pensaran que un sistema republicano tal vez sería mejor que una monarquía parlamentaria.
Su hijo cogió las riendas enseguida, pero sin preguntarle nada a los ciudadanos, no fuera que la gente pensara que sería mejor elegir al jefe del Estado mediante unas votaciones. El nuevo rey es joven, se deja barba y está casado con una mujer separada cuya familia es republicana. Como ven, todo muy moderno. El nuevo rey no deja de dar discursitos a todo aquel que quiere escucharle, y todo el mundo le aplaude y comenta lo campechano que es.

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