viernes, 17 de enero de 2014

Cómo mola ser un político liberal

Se liberal mola mucho, sobre todo para los políticos que presumen de serlo. Si se dan cuenta y echan la vista atrás, se darán cuenta que ser un político liberal en la España del siglo XIX no es lo mismo que ser un político liberal hoy en día. De hecho, no es lo mismo ser un liberal hace 30 años que hoy mismo.

Ser un político liberal en el siglo XXI en España te abre un abanico de muchas posibilidades, más incluso que si militas en formaciones políticas o agrupaciones de diferente signo ideológico. Piénsenlo. Ser un político liberal te permite tener barrios depauperados en la ciudad que gobiernas, barrios que sufren paralizaciones administrativas y un constante olvido por parte de las administraciones públicos. Son barrios como el de Gamonal en Burgos o El Cabanyal en Valencia.
Ser liberal, además, te permite tener una cierta superioridad moral sobre los demás, porque puedes permitirte decir a los demás cómo deben vivir. Para ello, nada mejor que proclamar a los cuatro vientos desde los medios de comunicación afines cuál es modelo de familia o la importancia que tiene la religión en la educación y en la vida pública. Si los mensajes no fallan, siempre se pueden crear leyes a gusto de unos pocos, como la Ley del Aborto del liberal Gallardón o la Ley de Educación que el liberal y centrista Wert ha ideado para los más jóvenes.
Ser un político liberal está muy bien. Te permite aplicar medidas económicas que, sin la excusa de la crisis y la recesión, serían casi inimaginables de sacar adelante. Subir los impuestos, a pesar de que es muy poco liberal, conviene si se puede justificar con el argumento de la herencia recibida. Regular desde la Administración las relaciones laborales, a pesar de ser muy poco liberal, conviene si se otorga al empresario más poder sobre los trabajadores y conviene también cuando podemos usar a líderes empresariales tan liberales y ejemplares como Díaz-Ferrán o Arturo Fernández para lanzar mensajes como el de trabajar más horas por menos sueldo. Báñez, que es muy liberal, asegura que los jóvenes se van de España porque les mola salir fuera. Lo de no tener trabajo es un detalle sin importancia para una política tan liberal como ella.
Ser un político liberal está muy bien, porque en público se te llena la boca hablando de los derechos fundamentales de los ciudadanos. Sin embargo, y a pesar de lo liberales que somos, también podemos pedir que se modulen (nuevo acrónimo que significa en realidad 'recorten') derechos fundamentales como el derecho de manifestación o el derecho de huelga, con el argumento tan liberal de proteger el bienestar de los ciudadanos y de la mayoría silenciosa. También queda muy liberal pasarse el derecho a la información por el forro de los cojones, con comparecencias desde un monitor de plasma, comparecencias sin preguntas, y ruedas de prensa amañadas.
Ser un político liberal te permite envolverte en las enseñas patrias. La Bandera, la Constitución o al unidad de la patria son esenciales en el pensamiento liberal actual. Como en todo lo anterior, son fundamentales en público, porque en privado, si alguna instancia europea nos pide hacer algunos cambios, pues se hacen y ya está, siempre con el beneplácito del principal partido de la oposición para darle un aire de consenso y legitimidad.
Los políticos liberales, además, creen que la Justicia es igual para todos. Aunque es más igual para unos que para otros. Desde la óptica del político liberal, que una Infanta de España tenga que pasar por delante de cámaras y periodistas antes de declarar como imputada es algo inconcebible.
A los políticos liberales les gusta el Estado reducido a la mínima expresión. En esto sí se parecen a sus coetáneos del siglo XIX. Les gusta un mercado sin reglas y donde cada uno haga la guerra por su cuenta. Sin embargo, ser un político liberal está muy bien en este sentido, ya que la única representación que les gusta del Estado es la de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, y de las leyes que sirven para recortar los derechos de los ciudadanos, como la Ley de Seguridad Ciudadana del tan liberal Fernández Díez.
¿Lo ven? Mola ser un político liberal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario