jueves, 13 de junio de 2013

Medios de comunicación muertos



La Radio Televisión Pública de Grecia (ERT) ya es historia, al menos por el momento. El Gobierno del país heleno decidía cerrar el ente prácticamente de un día para otro, cortando la emisión por lo sano. La razón, según el ejecutivo de Andoni Samarás, primer ministro griego, la imposición de la Comisión Europea de despedir a más de 2.000 trabajadores públicos. Samarás debió pensar que de un plumazo conseguía cumplir con las exigencias de la Troika.

Las reacciones a este cierre no se han salido del guión. Casi todo el mundo habla de que el cierre de un medio de comunicación público no es una buena noticia. En España, hay gente que ha intentado buscar ciertos paralelismos con Radio Televisión Española, aunque en la mesa del Gobierno no está cerrar el ente. Tal vez haber afirmado esto pueda hacer temblar a más de uno, vistos los cambios de rumbo a los que nos tiene acostumbrados Mariano Rajoy.
Sin embargo, aunque no se contemple el cierre de RTVE, no es descabellado pensar que desde hace algún tiempo los medios de comunicación públicos en el Estado Español se parecen cada vez más a sombras difusas de lo que deberían ser. Desde que el Partido Popular se ha hecho con el poder en RTVE, la imparcialidad y la profesionalidad de sus informativos brillan por su ausencia. Cada vez se apuesta más por una programación sin contenido ni análisis y por una manipulación descarada de las informaciones, donde se muestra con profusión la opinión gubernamental y se deja de lado cualquier opción crítica.
Este no es un mal únicamente que aqueje a la radio y televisión pública estatal, hay medios de comunicación públicos de carácter autonómico que se acercan peligrosamente a lo que podría llamarse “basura audiovisual”. Es el caso de Radio Televisió Valenciana o de Telemadrid, medios fagocitados directamente por los Gobiernos Autonómicos de turno (ambos en manos del PP), que únicamente sirven para lanzar propaganda y que, gracias a la penosa gestión de sus directivos, puestos a dedo, se han convertido en máquinas muy bien engrasadas de producir parados.
Puede ser que en España el cierre de los medios de comunicación públicos no esté sobre la mesa, que los representantes institucionales de turno se escandalicen cuando se les plantea tal posibilidad. Pero los profesionales del sector saben muy bien que para que una radio o una televisión pública estén muertos, no hace falta cerrarlos, únicamente hay que dejarlos en manos de ciertos sicarios del poder.

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