domingo, 21 de abril de 2013

Buenos españoles

De un tiempo a esta parte, la derecha de este país se empeña en hacer distinciones sobre quiénes son los buenos españoles. Históricamente, la derecha se ha arrogado la facultad de decidir sobre quién debe recaer el título de "buen español", o "español de bien", o "español de orden", o simplemente "español". No tienen más que coger cualquier estudio de cualquier historiador medianamente serio para saber que desde comienzos del siglo anterior un sinfín de políticos, periodistas, sociólogos, empresarios y obispos de esta línea ideológica acotaban a su antojo e interés la definición de buen español. ¿Quién es, pues, un buen español?
Los que no se manifiestan, la mayoría silenciosa, los que no tienen nada que ver con minorías; los que no cuestionan las decisiones que toma su partido; los que no toman las calles y no se manifiestan, los que no molestan a los poderosos; los que pretenden "modular" el derecho de manifestación, los que pretenden ir recortando derechos fundamentales de los ciudadanos a golpe de Decreto Ley.
Los buenos españoles son los que pagan la hipoteca por encima de todo, los que no protestan por la pérdida de sus ahorros, los que asumen con resignación la estafa de las preferentes y no protestan ni ante entidades bancarias ni ante representantes políticos pidiendo una solución justa; los que afirman con rotundidad que los casos de corrupción que afectan a su partido son invenciones y conspiraciones de los rivales; los que piensan que atacar a su partido es atacar a la 'Marca España', los que promulgan leyes para rescatar a entidades bancarias en lugar de a los ciudadanos, los que defienden la presunción de inocencia sólo cuando interesa hacerlo.
También son buenos españoles los que marcan la casilla de la Iglesia Católica en su declaración de la Renta; los que siguen los dictados de la Curia a pies juntillas, los que aplauden las presiones de la Curia Católica hacia las instituciones democráticas; los que ponen por delante los intereses de los poderosos en lugar de los de los más necesitados; los que impiden que la Iglesia Católica pague los mismos impuestos que cualquier otro ciudadano o empresa; los que pretenden recortar derechos a los demás con la excusa de perpetuar dogmnas tradicionales.
Son buenos españoles los que no cuestionan la forma actual del Estado Español; los que no cuestionan la monarquía, ni su papel ni su origen, y basan sus argumentos en logros pasados; los que defienden una España indisoluble, los que echan de menos cualquier tiempo pasado.
Los buenos españoles son los trabajadores que obedecen sin cuestionarse nada, los que no van a la huelga, los que acusan a los huelguistas de violentos, los que no les importa ir perdiendo derechos laborales, los que no están afiliados a ningún sindicato; los que aprueban Reformas Laborales que quitan cada vez más al trabajador y dan cada vez más al empresario, los que piensan que los parados deben joderse.
Son buenos españoles lo que no protestan por los recortes en educación y sanidad, los que aceptan que su Gobierno Autonómico se gaste lo que tiene y lo que no tiene en proyectos faraónicos y en rescatar a empresas privadas de la quiebra -incluidos equipos de fútbol-; los que privatizan servicios básicos, los que sortean la ley para adjudicar a empresas amigas dichos servicios, los que aprovechan su posición de poder para colocar y beneficiar a familiares, amigos y aliados políticos.
Por supuesto, son buenos españoles los responsables de medios de comunicación que exigen a sus periodistas que no hagan preguntas comprometidas, que aceptan y acuden a ruedas de prensa en las que no se aceptan preguntas, que cubren comparecencias del presidente del Gobierno a través de un monitor de plasma sin cuestionarse si lo que hacen es periodismo o simple propaganda, los que cantan las bondades del Gobierno a los cuatro vientos; los que aceptando preguntas responden con desdén y superioridad, y piensan que tanto periodistas como ciudadanos son idiotas.
Como ven, hay buenos españoles.

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