lunes, 29 de abril de 2013

Alberto Fabra, más de lo mismo


Hubo mucha gente que creyó de buena fe que la llegada de Alberto Fabra a la presidencia de la Generalitat Valenciana cambiaría algo las cosas. No tanto en cuestiones de fondo, sino más bien en detalles, gestos de cara a la galería. No ha sido así. En el algo más del año y medio que lleva como jefe del Consell, Fabra se ha convertido en la gran decepción no sólo para los que no votaron al Partido Popular de la Comunidad Valenciana, sino para una buena parte de los suyos.

La dimisión de Francisco Camps en julio de 2011 por el caso de los trajes obligó a Mariano Rajoy a recurrir a Alberto Fabra, en ese momento alcalde de Castellón. Casi con toda seguridad, el presidente del PP ya tenía a Fabra en la recámara, a la espera del abandono del anterior presidente de la Generalitat Valenciana. En ese momento se vendió la llegada de Fabra como un giro de 180 grados en la gestión del PPCV: una persona con aires nuevos que llegaba para limpiar la imagen de un PP que en la Comunidad Valenciana estaba demasiado ligado a la corrupción.
Nada más lejos de la realidad. Desde un principio se vio que las buenas intenciones y las grandilocuentes declaraciones de Fabra se quedarían en eso. En la actualidad, el Partido Popular de la Comunidad Valenciana acumula en su grupo parlamentario nada menos que nueve imputados, que mantienen sus cargos, sus sueldos públicos y sus privilegios, aunque hay que reconocer que Fabra los ha apartado de los órganos de dirección del PPCV. Si quisiera, estos imputados podrían formar el tercer grupo parlamentario en las Cortes Valencianas. Maite Parra, Angélica Such, Vicente Rambla, David Serra, Milagrosa Martínez, Yolanda García, Ricardo Costa, Rafael Blasco, Sonia Castedo, Luis Díaz Alperi y Pedro Ángel Hernández Mateo siguen en primera línea política.
Alberto Fabra también ha fracasado en otros campos, sobre todo en el económico. Analicen los datos del paro que sufre la Comunidad Valenciana, la destrucción de tejido industrial tradicional y el fracaso ya más que comprobado y justificado de esa política de grandes eventos que tanto gustó a Francisco Camps y que ha dejado las arcas de la Generalitat Valenciana en un estado casi de muerte clínica. Algunos podrán argumentar que este año no va a haber prueba de Fórmula 1, y que la Copa América definitivamente ha dejado aguas valencianas. Seamos francos: Fabra no ha roto por convicción con estos eventos, lo ha hecho porque no le quedaba más remedio.
Fabra también tardó muy poco en asumir el aparato de propaganda que le dejó en herencia Francisco Camps. Aunque al principio sus mensajes se diferenciaban en detalles, pronto se ha visto que el sistema es el mismo. Las notas de prensa que escupe el Departamento de Comunicación de Presidencia de la Generalitat Valenciana sigue teniendo la misma impronta que hace años. Se sigue vendiendo una imagen de la Comunidad Valenciana distorsionada, falsa, y que invita muy poco a la reflexión. Aunque es verdad que todos los Gobiernos Autonómicos hacen 'publicidad' de sus logros, les invito a comparar las notas de prensa de la Generalitat Valenciana con las de otros ejecutivos autonómicos, incluidos los del PP.
Alberto Fabra también se esconde, aunque únicamente cuando no tiene nada que vender. No hay más que recordar su impaciencia al adelantar los datos de desempleo del mes de diciembre de 2012. Muchos imaginaban que daría la cara igualmente cuando las cifras no fueran tan positivas. No ha sido así. Desde entonces, el presidente de la Generalitat Valenciana se sigue escondiendo tras su aparato de propaganda.
Alberto Fabra es más de lo mismo, es el exponente de un modelo fracasado. Desengáñense. Fabra no es la regeneración que necesita la Comunidad Valenciana. Habrá que buscarla en otro sitio. Desde luego, de la mano del PP no va a llegar.

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