miércoles, 6 de marzo de 2013

Muere Hugo Chávez



La muerte ayer por la noche del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha provocado reacciones en todo el mundo. Amado y odiado a partes iguales, la figura de Chávez nunca ha pasado desapercibida para nadie, y acercarse a ella no está exenta de dificultades.
Una vez se conoció su muerte, las redes sociales se llenaron tanto de información como de opinión. Desde los que alababan su figura hasta los peores detractores, nadie quiso permanecer callado. Y es ese amor/odio que despertaba Chávez el que ha provocado que tanto a unos como a otros no les haya producido sonrojo escribir verdaderas barbaridades.
El mundo occidental nunca vio con buenos ojos al presidente de Venezuela. Crítico con el sistema capitalista y dotado de una retórica muy cercana al socialismo, los medios de comunicación de masas nunca jugaron a favor de Chávez. Epítetos como “populista” o “dictador” llenaron más de una vez editoriales y artículos de opinión. Se le miró y analizó con el doble rasero propio de aquellos que ven las deficiencias democráticas de uno y no las ven en otro, como el caso de Uribe en Colombia, que también intentó perpetuarse en el poder ante el beneplácito de los poderes políticos y económicos internacionales.
Decir que Chávez no hizo nada por Venezuela es ocultar la verdad. Organismos internacionales destacaron su labor para reducir los índices de pobreza del país, con la construcción de escuelas y viviendas sociales. En concreto, la UNESCO afirma que entre 1999 y 2010 los programas de alfabetización llegaron al 92,5% de la población no instruida en ese momento. Dotó al Estado de medios para gestionar sus recursos naturales –sobre todo petróleo- sin cederlo a empresas de terceros países. Esto hizo que escalara posiciones en el Índice de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas, poniéndose por delante de países de su entorno como Perú, Ecuador, Brasil o Colombia. Además, fue partidario de unir a los países de América Latina y dotar al subcontinente de una mayor presencia internacional, un objetivo que no siempre consiguió.
Pero Chávez también será recordado por otras cosas no tan positivas. La elevada inflación, la continua devaluación de su moneda, el alto índice de criminalidad o su alto grado de personalismo no ayudaban en nada a promocionar su imagen pública más allá de las fronteras de Venezuela. Además, su apoyo a regímenes como el islámico en Irán o sobre todo a Siria, en el momento en que masacraba a su pueblo con armamento militar pesado, llevaron a sus detractores a tacharlo de dictador y autoritario, y a buena parte de sus seguidores a no entender las razones de este alineamiento. Posiblemente su interés por aparecer continuamente en la escena internacional espoleara estas decisiones. A esto habría que sumar su intento por controlar, o más bien modular, el mensaje de buena parte de los medios de comunicación de su país. Tampoco hay que olvidar que Hugo Chávez protagonizó un fallido golpe de Estado en la década de los 90, y casi fue víctima de otro en 2002. No crean que estos ‘males’ son exclusivamente propios de Chávez. Más de uno y más de dos Gobiernos con gran tradición democrática podrían ser acusados perfectamente de lo mismo. 
Algunos de los seguidores más incondicionales de Chávez ya hablan de elevarlo a la categoría de Santo. Sus detractores más acérrimos celebran su muerte. Ahora queda por ver si el chavismo sobrevive a su líder. En un mes lo sabremos.

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