viernes, 8 de febrero de 2013

Política y demagogia


Demagogia. Habrán oído esta palabra infinidad de veces, sobre todo por boca de nuestra clase política. Sirve tanto para criticar los argumentos del adversario como para ganarse el favor de la gente. Curiosamente, el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, define demagogia en sus dos acepciones como “práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular” y como “degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”. ¿Se han fijado que relación tan directa entre la utilización de oscuras estrategias y poder político?
En los últimos días, hemos asistido a una cascada de noticias que ponen de manifiesto que la vida política de este país está plagado de demagogia. Desde haber conocido los datos del paro del mes de enero hasta el Caso Bárcenas, pasando por el irrisorio papel que juega la oposición. El caldo de cultivo idóneo para hacer demagogia. Veamos algunos ejemplos:


  1. Hace unos días se conocían los datos delparo y de la afiliación a la Seguridad Social del mes de enero de 2013, y por consiguiente los de todo el año. No vamos a entrar en las cifras, ya conocidas por todos. Como no, las reacciones a estos datos fueron demagogia pura y dura. Los representantes del Gobierno se afanaron en proclamar a los cuatro vientos que, aunque había subido el desempleo, este mes de enero era diferente porque el ritmo de destrucción de puestos de trabajo era menor que otros meses de enero. A esto habría que sumarle que algunos iluminados del Partido Popular están empezando a sufrir la misma enfermedad que el anterior presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con los llamados brotes verdes. Otros directamente utilizan los datos del paro a su antojo y para hacer propaganda barata. El último ejemplo lo tenemos en la Comunidad Valenciana. Su presidente, Alberto Fabra,no pudo aguantar para hacer públicos los datos de diciembre. Ahora, con los de enero, se encuentra desaparecido, no sabemos si interesándose personalmente por cada una de esas personas que en la Comunidad Valenciana han dejado de trabajar. 
  2. El estallido del Caso Bárcenas ha puesto en duda muchas cosas. La primera y principal es la enorme cantidad de dinero que llega a los partidos políticos sin ningún control. El PP ha echado mano a la demagogia para salir del paso. Ha asegurado que las cuentas están auditadas y que son claras, y los dirigentes implicados han corrido a asegurar que haránpúblicas sus declaraciones de renta. ¿Acaso piensan que somos tontos? Un mensaje de ese tipo no puede ser válido en la medida en que todo el mundo conoce que el presunto dinero negro que pudiera recibir un alto cargo de un partido político no va a estar reflejado en su declaración de la renta. La primera reacción del PP fue negarlo, y luego pasó a amenazar a todo aquel que hubiera filtrado o publicado información al respecto. Creo recordar que laspalabras exactas de Carlos Floriano, vicesecretario de Organización delPP, fueron “contra todos”. La imagen que ha transmitido Mariano Rajoy, presidente del Gobierno y del PP, ha dejado mucho que desear. En un primer momento manda a María Dolores de Cospedal a enfrentarse a los medios. Al día siguiente cita a los medios de comunicación para dar su “versión” a través deun monitor, sin admitir preguntas. Muy democrático todo. La opinión pública española hubo de esperar a una Cumbre Bilateral entre Alemania y España para que todo un presidente del Gobierno respondiera preguntas. 
  3. Y a todo esto, ¿cómo queda la imagen de España? El Gobierno y el Partido Popular también ha hecho demagogia con este tema. Recuerden todas las ocasiones en las que han esgrimido el daño que provocaba a la imagen exterior de España y lo perjudicial que era para la inversión extranjera cualquier tipo de protesta. Retórica barata. No ha sido hasta que se ha hecho público el Caso Bárcenas y la incómoda situación en laque se encuentra Mariano Rajoy y su Gobierno cuando los mercados han comenzadoa ponerse nerviosos y a provocar una paulatina subida de la prima de riesgo. 
  4. Pero no crean que esta práctica se circunscribe únicamente al Partido Popular. El Partido Socialista Obrero Español no se queda corto en este aspecto. Como alternativa de Gobierno que es –al menos por el momento- al PSOE se le llena la boca en muchas ocasiones con toneladas de demagogia. Demagogia es la que lleva utilizando Alfredo Pérez Rubalcaba desde noviembre de 2011, criticando recortes llevados a cabo por el PP que no son más que la continuación de los comenzados por el Gobierno de Zapatero, sin olvidar su oportuna y repentina adhesión a causas como la paralización de los desahucios o la reforma del Estado de las Autonomías a favor de un mayor federalismo, por citar tan solo dos, o la de pedir la dimisión de Rajoy pero sin convocar elecciones. Rubalcaba, de nuevo, haciendo gala de su sentido de Estado. A pesar de la mala situación por la que atraviesa el PP, el PSOE no es capaz de recortar distancia electoral de una manera clara.

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