miércoles, 11 de abril de 2012

Por nuestro bien

El pasado 30 de marzo, el Consejo de Ministros aprobaba el Proyecto de Ley de los Presupuestos Generales del Estado, los más austeros de toda la historia democrática. Cuatro días después, el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, desgranaba un poco más las cuentas. Todos los ministerios sufrían recortes (los que más Asuntos Exteriores y Fomento), quedando la reducción media en el 17%. Con el aumento de los ingresos y las medidas de ahorro, el Gobierno de Mariano Rajoy esperaba contar con algo más de 27.000 millones de euros. En plena Semana Santa, con medio país de vacaciones, los miembros del Gobierno desaparecidos, y emulando a Adolfo Suárez cuando legalizó en 1977 al Partido Comunista de España, el Ejecutivo saca a la luz unos recortes adicionales de 10.000 millones de euros en Sanidad y Educación. Todas estas medidas, que según el Partido Popular son necesarias para sacar a España de la crisis y hacerla más fuerte, no han servido para calmar ni a Europa ni a los mercados.
Y a pesar de esta respuesta, parece que Mariano Rajoy está gobernando más de cara a satisfacer la insaciable voracidad de los mercados y a sus socios europeos que a mantener el bienestar de los ciudadanos, esos ciudadanos que otorgaron al PP la mayoría absoluta y que en su momento confiaron en sus promesas. Con esta actitud, el presidente del Gobierno le hace un flaco favor al respeto que le debería tener la ciudadanía a su clase política, un respeto perdido a marchas forzadas en los últimos años y al que Rajoy da la puntilla. Porque públicamente Rajoy no ha salido a dar la cara, cuando prometió que lo haría. De hecho, ayer eludía a los periodistas y escapaba de sus preguntas por la puerta del garaje del Congreso.
¿Recuerdan cuando el PP prometió que la Sanidad y la Educación eran intocables? Ya no lo son. Tan solo quedan las pensiones y los sueldos de los funcionarios. Átense los machos.

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