martes, 3 de abril de 2012

El PSPV corre el riesgo de morir de aburrimiento

Jorge Alarte ya es historia en el Partido Socialista del País Valenciano. El XII Congreso del PSPV, celebrado el pasado fin de semana, ha supuesto el desalojo del despacho de la cuarta planta de la sede de Blanquerías de Alarte y la llegada del alcalde de Morella, Ximo Puig. La escenificación del traspaso de poderes ha transcurrido dentro del guión que se espera en estos casos: loas al que se va, agradecimiento por los servicios prestados y el largo camino que le queda por recorrer en la organización.
Nada más lejos de la realidad. Jorge Alarte, al igual que Francisco Camps, está políticamente muerto. Si echan un poco la vista atrás, verán que su gestión al frente de los socialistas valencianos no ha sido para tirar cohetes, sino todo lo contrario. Si me apuran un poco, casi para olvidar. Dos citas electorales, una a nivel autonómico y otra a nivel nacional, con resultados nefastos y sangría de votos incluida, y una moderadísima presencia en la política valenciana, son sus principales 'avales'. Muchos han echado en falta una mayor incisión de Alarte y su equipo a los Gobiernos del Partido Popular de la Comunidad Valenciana, al igual que se le achaca un amor excesivo al cargo, un apego que debería haber comenzado a plantearse cuando en las elecciones municipales de 2011 se quedó con tan solo 680.000 votos. Hubiera sido un buen momento para dimitir. Casi un año perdido.
Pero sería injusto achacarle toda la responsabilidad de la situación actual del socialismo valenciano a Alarte. El PSPV lleva dando tumbos desde hace muchos años (concretamente desde que Joan Lerma dejara de ser presidente de la Generalitat Valenciana), enfrascado en luchas internas en las que las 'familias' han optado más por posicionarse dentro del partido que de preocuparse por conectar con la sociedad valenciana y ofrecerle una alternativa seria al PPCV. La llegada de Ximo Puig a la secretaría general pretende revertir esta situación.
Pero el PSPV caería de nuevo en el error si pensara que todo está echo con el cambio de liderazgo. Buena parte de la sociedad valenciana, sobre todo su electorado más potencial, empieza a estar cansada de no tener dónde mirar a la izquierda del PPCV. Los socialistas valencianos corren el riesgo de matar de aburrimiento a sus seguidores. Sin embargo, creo que erran aquellos que piensan que habría un trasvase de votos tan grande desde el PSPV a otras fuerzas progresistas que llegaran a desbancarlo como segundo partido político de la Comunidad Valenciana. Lo que sí está claro es que a los socialistas les queda mucho trabajo por delante y mucho que caminar para recuperar el terreno perdido, casi tanto como los 40 años que el pueblo judío tuvo que vagar por el desierto. Veremos si el PSPV no necesita tanto tiempo.

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