jueves, 29 de marzo de 2012

Pinceladas de la Huelga General

A pocas horas para que finalice la Huelga General del jueves 29 de marzo de 2012, no voy a hacer valoraciones, ni voy a opinar, ni voy a aventurarme a decir si ha sido un éxito o un fracaso. Tampoco voy a jugar a posicionarme en cuanto a las cifras de seguimiento, para eso cada uno habrá arrimado el ascua a su sardina. Simplemente voy a describirles, bajo mi única y propia experiencia personal, cómo ha sido la jornada.
El despertador suena un poco antes de lo habitual. Debo llegar al trabajo antes de hora, hay que fotografiar qué es lo que pasa en el puerto de Valencia, mi escenario de trabajo. Me asomo por la ventana. Aunque es temprano, más o menos el trajín de siempre. La panadería de bajo de casa está abierta, y los dos bares más cercanos también. Está regentados por ciudadanos chinos. Seamos sinceros, no conocen de huelgas. Tres policías municipales hacen guardia a la puerta de la Junta Municipal de Tránsitos, pero no parecen ni muy preocupados ni tampoco muy atentos, hablan de sus cosas.
Hoy decido ir por otro camino al trabajo. Si bien me cuesta un poco salir de la ciudad, una vez en la carretera descubro que hay pocos coches. Llego al puerto en unos quince minutos, nadie en el acceso sur. Nada de sorpresas. Grúas levantadas, muelles vacíos, ni un solo camión. Me acerco a un piquete. Normalidad absoluta. Dejan pasar a la gente que quiere trabajar, aunque reconocen estar cansados. La noche es fría, pero a pie de muelle lo es aún más. La manifestación convocada por los sindicatos con representación en las empresas del sector es más numerosa que la del 29 de septiembre de 2010. Transcurre sin incidentes. Algún que otro trabajador rezagado aprovecha su tiempo de almuerzo para sumarse a la marcha, pero poco más.
En la oficina todo normal. De camino al bar donde suelo almorzar me doy cuenta que la mayoría de comercios están abiertos, poca gente ha decidido cerrar, como la relojería o una floristería cercana. En el bar más gente que de costumbre. Ni siquiera pregunto si están notando el día de huelga. Vuelvo a trabajar. Con los boletines informativos de fondo, parece que la huelga está siendo algo más significativa que en 2010. Cifras de seguimiento que bailan y algún que otro incidente, pero poca cosa. Tanto el Gobierno central como el autonómico reconocen normalidad absoluta. La excepción estaría en Barcelona, donde grupos de radicales aprovechan la mínima ocasión para destrozar todo lo que encuentran a su paso.
Y llega la hora de comer. Más o menos la misma gente en el bar. Esta vez sí pregunto al camarero si han notado algo. Se encoge de hombros e incluso bromea con que ningún piquete ha ido a hacerles una visita, ni siquiera a almorzar. Mientras acabo de comer, el programa deportivo que suelo escuchar todos los días sigue con su rutina de siempre.
Por la tarde, más prisas de las habituales. Un día con muy pocas llamadas, con baja actividad.
Llego a casa. El barrio parece el de siempre, no se nota la huelga. Todos los comercios tienen las persianas subidas. Ser autónomo siempre ha sido complicado, pero en tiempos de crisis más. En general, en toda España pocos autónomos han decidido secundar la huelga. Trasiego y tranquilidad a partes iguales.
Oigo por la radio que las manifestaciones convocadas por la tarde se desarrollan con normalidad. Y vuelve el juego de cifras. Lo que sí es seguro es que hay mucha más gente que en la del 29 de septiembre de 2010.
Informativos para todos los gustos por la noche. Hay cadenas en las que parece que la jornada ha sido un éxito, que se ha parado el país. Otras por contra, remarcan los incidentes y hacen hincapié en que la incidencia ha sido muy moderada. Ya les dije al principio del post que para gustos colores. Una cosa que me llama la atención. El Gobierno ya ha remarcado que no va a modificar la Reforma Laboral, cosa que sí hizo José María Aznar en 2002 a pesar de contar con mayoría absoluta.
Y acaba la jornada de huelga.

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