lunes, 5 de marzo de 2012

Cuestión de imagen y justicia

Últimamente anda muy preocupado el Partido Popular por la imagen que se da de la Comunidad Valenciana tanto en el resto de España como más allá de las fronteras nacionales. Las protestas de las últimas semanas en torno a los recortes y la falta de financiación que sufren los sistemas educativo o sanitario han sido el detonante para que muchos altos cargos del PPCV hayan puesto el grito en el cielo, encontrando una creciente tensión en las calles valencianas a las que no estaban acostumbrados.
La llamada Primavera Valenciana y la respuesta de la Policía Nacional puso en jaque esa imagen, conquistada en los últimos años a golpe de grandes eventos y obras faraónicas, en suma, una imagen conseguida a golpe de talonario. Esta estrategia está pasando factura ahora, un momento en el que hace más falta que nunca mantener la inversión pública en servicios básicos. La Generalitat Valenciana no está en disposición de poder llevarla a cabo, cosa que ha provocado una depauperación del sistema público y ha llevado a los directamente afectados a salir a la calle. A la plana mayor del PPCV no le gusta lo que le viene encima: unas Fallas marcadas por las protestas. Sin embargo, poco o nada dice el PP del flaco favor que hacen a esa imagen los casos de corrupción que afectan a su partido o las obras faraónicas (tanto las de los grandes sobrecostes como las que se mueren de risa) y que provocan hilaridad, cuando no sonrojo, en el resto de España. La consellera de Educación de la Generalitat Valenciana, María José Catalá, también se mostró cansada por la imagen que se da de su Departamento y que, según ella, "no responde a la realidad". La realidad, señora consellera, es que muchos colegios públicos y concertados tienen que hacer verdaderos encajes de bolillos para subsistir en el día a día. ¿Eso no le cansa?
A nivel nacional, Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, también se mostraba preocupado por la imagen que los incidentes daban de España en toda Europa. Parece ser que a Rajoy son estos los desvelos los que le quitan el sueño, y no otras cosas. De momento, al jefe del Gobierno español una huelga general no le preocupa. De hecho, afirma que es "injusta" y que "no va a servir para nada". Tal vez tenga razón, ya que la mayoría absoluta del PP en el Congreso de los Diputados va a permitir la aprobación de todas y cada una de las reformas que se le ocurran al Gobierno. Sin embargo, Rajoy no debería desdeñar el poder de movilización del que puede hacer gala una sociedad hastiada por la crisis, el paro o las reformas agresivas. ¿Dañaría la imagen de España una huelga general? Eso sería algo muy injusto para el presidente del Gobierno, que todavía no habrá caído en otras cosas que son más injustas aún, como la subida de impuestos, los recortes en el Estado del Bienestar, la Reforma Laboral aprobada o la desgracia del paro, que se extiende sin control.

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