martes, 8 de noviembre de 2011

Miedo al debate

Ni Alfredo Pérez Rubalcaba ni Mariano Rajoy Brey están a la altura de las circunstancias. El primero porque recibe una herencia envenenada, difícil de vender, y el segundo porque piensa que le basta pasar inadvertido hasta el 20 de noviembre.
El "debate" de ayer fue de todo menos edificante y útil. Ambos no se salieron del guión, gracias en buena medida a ese nuevo formato planteado y masticado por los equipos de campaña de los dos candidatos, y con la aquiescencia de la Academia de la Televisión. Bloques temáticos con tiempos predeterminados, lo contrario a lo que debería ser un debate.
Alfredo Pérez Rubalcaba, consciente del papelón que está jugando, no dudó en salir al ataque. Intentó que Mariano Rajoy se mojara y concretara en aspectos espinosos como el subsidio de desempleo, la reforma laboral, las pensiones o la preeminencia de la educación y sanidad públicas. No hubo manera. A Rajoy le bastaba con parapetarse tras los pésimos datos económicos que han parido los tres últimos años de Gobierno del PSOE. El socialista, aunque preguntaba y repreguntaba, no encontraba en el popular más que una pared que escupía críticas al Gobierno.
Tan solo en el bloque dedicado a la economía, el más largo, hubo algún que otro hueco para las propuestas, ninguna nueva, por otra parte. Rubalcaba ahondó en sus impuestos sobre las grandes fortunas y la banca, y adelantó que a las pymes que creen empleo se les sufragará la Seguridad Social en 2012 y 2013, extensible a los contratos de formación. Con todo, el hecho de que Rubalcaba haya sido ministro con Zapatero era como una naranja demasiado jugosa y demasiado apetecible como para que Rajoy no la exprimiera. Y así lo hizo en toda el bloque económico, sobre todo con las cifras del paro. En su última intervención, Rajoy se decidió por fin a concretar algo (en una estrategia bastante calculada y dejando sin posibilidad de réplica a su rival), apostando por el control del gasto público, el pago del IVA a la Administración por parte de las empresas una vez que se haya cobrado dicha factura y no antes, el descenso del 10% del Impuesto de Sociedades a aquellas empresas que reinviertan parte de sus beneficios a crear empleo o la ya tan famosa deducción de 3.000 euros para aquellas pymes de nueva creación que contraten a su primer trabajador.
A partir de ahí, todos nos podíamos haber ahorrado muchas cosas. Rubalcaba siguió insistiendo en preguntar a Rajoy por lo que iba a hacer, que seguía parapetado en las carencias de los Gobiernos del PSOE. Mucha retórica, muchos reproches y nulo contenido. El "debate" de ayer no fue tal, se convirtió en dos monólogos troceados por tiempos y por temas, y vendido por los medios de comunicación casi como el acontecimiento informativo del siglo.
Se echaron de menos muchas cosas. Pasaron de puntillas por el final de ETA y la complejidad para la resolución definitiva del conflicto y sus consecuencias que se abren ahora, no se habló ni de Europa ni de la reorganización a la que debe someterse al Estado de las Autonomías. Y por supuesto, ni un pequeño análisis del movimiento de indignados que ha nutrido las calles de buena parte del planeta en las últimas semanas y los casos de corrupción que afectan a ambas formaciones políticas, llámese Gürtel o Caso Campeón.
Siendo muy optimistas, Rubalcaba consiguió sembrar algo de duda acerca de lo que hará Rajoy si llega a La Moncloa, mientras que el líder del PP tuvo suficiente con reprochar al socialista sus errores. Siendo realistas, dos políticos con miedo al debate y a la verdadera confrontación de ideas.

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