viernes, 21 de octubre de 2011

ETA: Una historia de frustración

El jueves 20 de octubre de 2011 ya es un día para la historia. ETA anunciaba ayer que cesa de forma definitiva y sin condiciones su actividad armada. Es el cierre a 40 años de asesinatos, extorsión, amenazas, miedo y confrontación y, sobre todo, dolor, mucho dolor. En los últimos meses, ETA ha dado indicios de este momento. Cesaba las 'acciones ofensivas', cesaba la extorsión a los empresarios, dejaba la 'kale borroka' en suspenso. Todo esto con el desmarque cada vez más acusado de la izquierda abertzale, que también ha ido dando pasos para dejar la violencia y abrazar la política como única vía para conseguir sus fines.
Y tras todo esto, ¿qué queda? Quedan casi 900 víctimas, entre miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, militares, políticos, civiles y niños. Queda un poso de odio y desconfianza en la sociedad vasca que va a ser muy complicado de desterrar. Y sobre todo, queda la sensación de frustración e unitilidad por todos estos años de actividad armada, 40 años en negro que se han perdido, en muchos sentidos.
Este no es el final. ETA debe anunciar su disolución, deshacerse de todo el arsenal con el que cuenta, pedir perdón a las víctimas y salir de forma definitiva de la vida política en Euskadi. Todo el apoyo social con el que contaba, todo el soporte que le daba su brazo político se desvanece. Porque son muchos muertos, es mucha sangre la que ha quedado en la memoria de todos.
A partir de ahora, el proceso que se abre es político. Son los partidos políticos, sobre todo los de Euskadi, los que deben iniciar vías de diálogo y acercamiento para darle una salida definitiva al conflicto. Y a los que gobiernan, ahora y en el futuro, se les va a pedir una gestión de la nueva situación que se antoja, cuanto menos, complicada. Si como todo parece indicar el Partido Popular gana las elecciones, y con una mayoría holgada, va a tener que cuidar, y mucho, los pasos que se vayan dando. Con todo, no querría para mí esa responsabilidad, no querría ser Mariano Rajoy, sobre todo en un partido como el PP, donde la parte más radical, comandada por Jaime Mayor Oreja y Esperanza Aguirre, va a seguir tensando la cuerda. La comparecencia del presidente del PP de ayer fue moderada, comedida, incluso con cierto optimismo. Habrá que ver en las próximas semanas si ese va a ser el mensaje del PP.
En todo caso, y a pesar de todo lo que queda aún por hacer, es tiempo de estar contento. Y de respirar. Y muy hondo.

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