miércoles, 22 de junio de 2011

Nuevos sacrificios

Como un dios antiguo sediento de sangre, los mercados siguen demandando a España que acometa más y más valientes reformas para afrontar con garantías el día después de la crisis. El último movimiento del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, con la ayuda de los nacionalistas catalanes y vascos, ha sido el de sacar adelante la Reforma de la Negociación Colectiva. Se apresuraba ayer el Ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, en loar las bondades de esta nueva reforma, asegurando que los derechos de los trabajadores no se van a ver afectados y que beneficia a las empresas al introducir mayores medidas de flexibilidad. Creo que Valeriano Gómez, que ha pasado de asistir a manifestaciones contra la Reforma Laboral a ser piedra angular de los mayores recortes contra la clase trabajadora, no es consciente de lo que su Gobierno acaba de aprobar.
La nueva norma no quiere que las renovaciones de los Convenios colectivos se eternicen y fija un período de entre ocho y 14 meses para llevarlas a cabo. Por motivos diferentes, tanto sindicatos como empresarios están de acuerdo. Sin embargo, habría que recordar al Ministro que basta con que una de las partes se enroque para que un árbitro ajeno a la problemática decida. Por experiencia, normalmente son las empresas las que retardan las negociaciones, simplemente para ganar tiempo y no aprobar los incrementos salariales y otras mejoras sociales.
Flexibilidad. Otra medida de la nueva ley que se está poniendo muy de moda en todas las reformas acometidas. Supongamos que hay un Convenio Colectivo firmado. A pesar de todo, la empresa podrá adaptar las condiciones de trabajo a sus necesidades, y cuando se habla de condiciones se habla de salario, jornada laboral, tipo de contratación, categorías profesionales y conciliación de la vida laboral y familiar. Esto es, casi una carta blanca para las empresas, que además van a disponer de un mínimo de un 5% de la jornada anual para distribuirla como mejor convenga. El objetivo es evitar las horas extraordinarias, que se pagarían aparte. No se preocupen los empresarios; la mayoría de trabajadores hacemos horas extras que después no se nos pagan. La crisis exige sacrificios. Bravo.
Digan lo que digan los empresarios, la nueva reforma les favorece. Y para muestra un nuevo botón. Las empresas podrán desvincularse de las retribuciones marcadas en los convenios cuando las dificultades de la compañía pongan en peligro el mantenimiento del empleo. Es decir, cuando la empresa aduzca problemas, se saltará a la torera el Convenio Colectivo.
Los mercados siguen demandando sacrificios. Y el Gobierno de España sigue respondiendo, y lo hace echando bajo los caballos a la clase trabajadora, mientras que los verdaderos causantes de la crisis se van de rositas. Bravo por el Gobierno del PSOE.

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