martes, 24 de mayo de 2011

Mejor el original

El PSOE sigue con su catarsis, intentando sacarle alguna vuelta a los resultados electorales del 22 de mayo, esperando que haya algún dato que les permita coger algo de aire. Los socialistas se van ahogando poco a poco en la debacle del domingo, y mucha de la culpa de esta situación la tienen ellos mismos.
El Gobierno de Rodríguez Zapatero no es el único castigado por la crisis. Los mandatarios de toda Europa siguen capeando el temporal a la espera de tiempos mejores. Cameron, Sarkozy o Merkel han visto como sus índices de popularidad caían, y todo por la incidencia de la recesión en sus respectivas masas populares. España no permanece ajena a esta tendencia. Sin embargo, flaco favor se hacen a sí mismos los actuales dirigentes socialistas pensando que toda la responsabilidad es de la crisis. Muchos podrán argumentar que las reformas que ha llevado a cabo el Gobierno eran necesarias, y tal vez estén en lo cierto. El problema es que nadie del Ejecutivo ni del PSOE ha sabido explicarlas. Se ha dicho por activa y por pasiva que eran necesarias para asegurar nuestro futuro, pero con eso no basta. Desde 2008, Zapatero no ha adoptado ni una sola medida que podría ser considerada de izquierdas. Toda la presión ha caído en las clases populares, mientras las grandes empresas seguían cerrando sus balances con beneficios (menores que en épocas anteriores, sí, pero beneficios al fin y al cabo). Las reformas acometidas siempre han gravado a trabajadores, pensionistas y funcionarios, sin olvidar que los recortes han perjudicado a personas dependientes o a inversiones destinadas a la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos. ¿Acaso pensaba el PSOE que todo esto no iba a tener un coste tan enorme como el que ha tenido? Hasta ahora, nadie en el PSOE ha hecho autocrítica, nadie ha dimitido, a nadie se le ha caído la cara de vergüenza. El verdadero reto que se le plantea ahora a los socialistas es el de su refundación: caras nuevas y políticas nuevas.
Desde que el Zapatero reconociera en 2008 que España estaba inmersa en una crisis de proporciones casi bíblicas, ha ido aplicando paquetes de medidas que tanto los países más poderosos de la Unión Europea (con Alemania a la cabeza) como esos desconocidos y etéreos mercados han ido demandando. El PSOE se ha alejado de su electorado de izquierdas para ir adoptando como propias medidas neoliberales, políticas de derechas propias de un partido político de derechas. La gente de izquierdas que votaba al PSOE ha confiando en otras fuerzas políticas. Aquellos indecisos que votaron socialista en pasados comicios han dado un giro de 180º y han apostado por el PP. En el fondo, si lo piensan, es algo normal. ¿Para qué seguir votando a un partido de izquierdas que lleva a cano políticas de derechas si ya tenemos en España un partido de derechas? El original siempre es mejor.

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