viernes, 4 de marzo de 2011

En la política de Camps está la penitencia


Francisco Camps sigue a lo suyo. El líder del PP de la Comunidad Valenciana y presidente de la Generalitat Valenciana, sigue aumentando el histrionismo de sus apariciones públicas, de sus declaraciones y de sus políticas. Y es que las elecciones municipales y autonómicas obligan.
Entre graciosas y patéticas han sido las últimas apariciones públicas del 'Molt Honorable'. En las sesiones de control de Les Corts, arropado por su grupo parlamentario, que no hace más que reirle las gracias, no se cansa de cantar a los cuatro vientos su inocencia, su gran grado de aceptación por parte de los ciudadanos y lo bien que gobierna, con sus logros y virtudes. Sin embargo, la realidad es otra. La realidad es que se está cargando a marchas forzadas el sistema educativo valenciano, degradando las escuelas públicas e invirtiendo desmesuradas cantidades de dinero en las escuelas privadas y concertadas. Ha sucumbido a las presiones de la Jerarquía Católica en política sexual, retirando programas de educación sexual aceptados por la comunidad educativa y científica y dejando que sea la Curia la que marque las pautas, una Curia que se siente cómoda con Camps porque mantiene su injerencia en el sistema educativo, con un conseller que remueve los estómagos de los expertos con sus ideas cada vez más peregrinas.
Camps ha logrado, además, que la Comunidad Valenciana sea una de las más afectadas por la crisis. Por mucho que se empeñe el 'Molt Honorable', la economía valenciana ha caído el pasado año y hay más parados que nunca, la industria sigue con su modelo obsoleto mientras la inversión en I+D+i brilla por su ausencia, mientras que Camps sigue basando su política económica en los grandes eventos y enormes saraos, despilfarrando dinero y dejando las políticas sociales en la cola de sus prioridades.
Todo esto aderezado con una oposición dormida, desorientada, sin pegada y que sigue sin encontrar su sitio, con candidatos que no hacen más que repetir discursos prefabricados y preparados de antemano, sin alma y sin mensaje político.
Esta es el nivel de la política en la Comunidad Valenciana. Y dicen que en el pecado va la penitencia. Pues eso. Seguimos de penitentes.

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