martes, 22 de febrero de 2011

Título, titulitis y periodismo

Hoy por hoy, ¿quién puede considerarse periodista? Eterno debate entre los miembros de la profesión. Por un lado, los que tienen título y ejercen. Por otro, los que no lo tienen, pero con una trayectoria profesional lo suficientemente acreditada como para afirmar que son periodistas. Y en medio, dos casos, los que tienen título pero no ejercen, y los que no lo tienen y se creen periodistas.
Del primero de los casos, poco que objetar. En muchas ocasiones intentamos hacer periodismo (el que nuestros jefes nos dejan y el que nuestras empresas nos permiten), muchas veces empañado por un trabajo que se convierte en la mayoría de ocasiones en rutina. Somos periodistas, sin duda alguna.
El segundo caso, en mi opinión tampoco deja muchas dudas. Quien haya estudiado Periodismo sabrá que, al segundo o tercer año de haber comenzado la carrera, ya se pueden empezar a hacer prácticas en medios de comunicación. Y quien tenga un mínimo contacto con la profesión sabrá también lo difícil que es meter la cabeza en algún medio y mantenerse en él. Y también sabrá que, una vez dentro, hay que echarle horas a este oficio, sobre todo si eres becario. Hay mucha gente que deja de estudiar y sigue trabajando, logra hacerse un hueco, aprende muchas cosas de la profesión que no te enseñan en la Facultad. Incluso hay muchos que han desempeñado puestos de dirección. Le han dedicado décadas a su trabajo, trabajando 12 y 14 horas al día muchas veces. ¿Acaso estos profesionales no son periodistas? Sin lugar a dudas que sí, y mucho más que cualquiera que tenga el título pero que se le caen los anillos si ha de quedarse más tiempo del necesario en la redacción, que se pone nervioso si tiene que mover el culo de delante del ordenador, que no sabe hacer otra cosa que copiar todo lo que encuentra en Internet y cuya agenda se resume a los cuatro contactos de siempre. Además, ¿qué importancia puede tener hoy en día un título si tenemos en cuenta cómo está la profesión? Piénsenlo. Redacciones reducidas a su mínima expresión, profesionales sobrexplotados (muchas horas, poco sueldo y multifuncionalidad), pocos medios y una dependencia casi exclusiva de las agencias de información, dejando de lado el periodismo de verdad, el de investigación.
Luego tenemos a los que tienen el título, pero no ejercen. Creo que los más inteligentes. Estudiaron Periodismo pensando que se iban a comer el mundo conociendo sus más recónditos secretos, y la realidad se encargó de destrozar sus sueños. Buscaron un trabajo mejor remunerado, se olvidaron de lo que habían estudiado yapostaron por el pragmatismo. No les culpo. Muchas veces esta profesión te da los sinsabores suficientes como para plantearte tu futuro.
Y finalmente, los que no tienen título, nunca han ejercido el periodismo de verdad y de la noche a la mañana se encuentran con un puesto de "periodista". Todos saben ya de quién hablo. Son ellos (y ellas) los que denostan nuestra profesión, los que nos dan mala imagen, los que provocan que las nuevas generaciones piensen que ser periodista es estar sentado en un plató de televisión ladrando mierda sin parar. Son los que no han pisado nunca una rueda de prensa, nunca han hecho guardia en un hotel esperando a que aparezca una fuente de información, no han tenido que echarle horas para confirmar datos, no han tenido que lidiar con aquellos a los que no les gusta lo que difundes.
Los dos primeros casos, para mí, son periodistas, sin discusión. El tercero puede decir que ha estudiado Periodismo, pero nada más. Y de los cuartos, mejor no hablar.

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