viernes, 11 de febrero de 2011

Nervios

Desde que en 2003 PP y PSOE se pusieran de acuerdo para aprobar la Ley de Partidos, la izquierda abertzale más cercana a ETA ha intentado, con más fracaso que éxito, estar en las instituciones con diferentes marcas electorales. A nadie se le escala que esta Ley de Partidos fue echa a medida para ilegalizar a Batasuna, exigiéndoles unos requisitos que hasta hace unos días no cumplía y que, con la presentación de Sortu, su nueva marca electoral, ahora sí lo hace.
En su presentación, Sortu rechaza la violencia, incluida la de ETA, habla de víctimas y de terrorismo (dos vocablos que hasta ahora no se utilizaron) y habla de vías exclusivamente pacíficas. Los estatutos que ya ha presentado se ajustan, o al menos así lo parece, a la Ley de Partidos. Es ahora el Tribunal Supremo el que debe decidir si acepta esos estatutos y, por tanto, si declara legal a Sortu y le permite estar en las próximas elecciones municipales y autonómicas.
Y mucha gente, ante este escenario, ya ha empezado a ponerse nerviosa. En primer lugar, el Gobierno, que ya adelanta que no permitirá la legalización. ¿Acaso no son los jueces los que deben decidirlo? ¿ O es que acaso eso de la separación de poderes y la independencia de la Justicia se demuestra como una mentira? Por su parte, la Fiscalía ya ha afirmado que va a exigir a Sortu que rechaza y condene la violencia de ETA de forma retrospectiva. ¿Acaso la Fiscalía ha pedido a los partidos de extrema derecha de este país, incluida Falange, que condenen la violencia que históricamente han practicado? Además, habría que recordar tanto a Gobierno como Fiscalía que el sistema jurídico español juzga hechos, no intenciones ni conjeturas. Y digo esto porque ya son muchas las voces que saben mejor que los propios abertzales sus intenciones.
En el PP todo esto les ha cogido con el pie cambiado, y cunde el pánico. Por un lado, el sector más duro, representado por Mayor Oreja, que sigue afirmando que Gobierno y ETA negocian, y que se siente cada vez más alarmado ante la perspectiva de un final de la violencia que provocaría la consiguiente prescindibilidad de su presencia en los foros nacionales. Por otro lado, desde Génova ya no saben cómo hacer callar a este sector, y resulta cada vez más cómico ver a los líderes populares sortear la mierda que va soltando Mayor Oreja, aunque sin acabar de desautorizarlo del todo. Y por último, el PP de Euskadi, que modula el mensaje lanzado por unos y otros, y que pinta ya muy poco.
Todo este proceso sienta un peligroso precedente en este país, porque dudo mucho que cualquier otra formación política que se presente a las próximas elecciones tenga tantos condicionantes, y que los condicionantes que establece la ley puedan ser incrementados a discreción, como parece que va a ocurrir ahora. Esta situación se parece cada vez más a los casinos online.

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