martes, 18 de enero de 2011

Camps se ríe de todos


Francisco Camps está de buen humor, de hecho lleva ya tiempo de muy buen humor. Siempre sonriente, feliz, contento por ser quien es y estar donde está. Poco importan los escándalos en los que se ve envueltos, la cuestión es transmitir felicidad.
Sin embargo, esa felicidad de la que hace gala el 'Molt Honorable' empieza a ser algo desagradable. Me explicaré. Hace poco estuvo en Bruselas para reivindicar el Corredor Mediterráneo. Hasta ahí, todo normal. Pero he aquí que algún periodista se le ocurrió preguntarle no por la citada infraestructura, sino por la evolución de sus problemas con la Justicia. Y he aquí que, en un renuncio, se capta la gran verdad, una verdad que es de sobra conocida por todos, pero que en esta ocasión es doblemente grave por su reconocimiento público: Reírse de los periodistas le da votos. Pueden encontrar toda la historia en este enlace.
Hace mucho tiempo que Camps se ríe de la prensa. Hace mucho tiempo que el presidente del Gobierno Valenciano se ríe de los periodistas no aceptando preguntas, y contestando lo que le da la gana cuando las acepta. Camps se parapeta en su servicio de comunicación de la Generalitat Valenciana, desde donde periódicamente lanza notas de prensa con los mismos tópicos día tras día, con las mismas mentiras día tras día, con la misma propaganda día tras día. Con eso, Camps demuestra su poca calidad democrática, lo poco que le importa el derecho a la información y la libertad de expresión, derechos básicos e inalienables en cualquier sociedad democrática.
Camps tiene un problema, sí, pero los periodistas de la Comunidad Valenciana también. Acudimos a sus convocatorias de prensa, reducimos nuestro papel a ser meros portavoces de la demagogia que lanza la Presidencia de la Generalitat Valenciana. En definitiva, nos convertimos en lo contrario de lo que deberíamos ser los periodistas. Y, sobre todo, esto es un toque de atención a los directores de esos medios de comunicación que, a pesar de los desplantes, las faltas de respeto y las zancadillas que día tras día se nos pone para hacer nuestra labor, siguen siendo voceros y portavoces de un poder político que está cada vez más seguro de que es intocable.

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