lunes, 8 de noviembre de 2010

Victimismo católico


El Papa ya ha dejado España, y lo ha hecho, como no puede ser de otra manera, con baños de masas tanto en Santiago de Compostela como en Barcelona. Y tras la visita del Santo Padre, ¿qué queda? Apenas manifestaciones de fervor y poco más. Sin embargo, me gustaría llamar la atención sobre un hecho que, a pesar del bombo que se le ha dado por parte de la mayoría de medios de comunicación, se me antoja como un mensaje ciertamente peligroso, como es el de que el catolicismo está en peligro en España, siendo considerado casi como algo peligroso y prohibido. Y nada más lejos de la realidad.
En su viaje a la ciudad gallega, Ratzinger aprovechaba su encuentro informal con periodistas en el avión para denunciar el laicismo imperante en España y la situación que vivía el catolicismo, similar al de los años 30 del pasado siglo durante la II República. Tal vez Ratzinger visitara otro país, o tal vez no conozca la situación de la realidad española referente al catolicismo. Hay que recordarle al Santo Padre que, hoy por hoy, ni se queman ni destruyen iglesias (todo lo contrario), ni se persigue al clero, y ni mucho menos se busca erradicar las creencias religiosas. Habría que recordarle a Benedicto XVI que si hubo un clima anticlerical en la II República fue en parte a la posiciónn que tomó la curia del momento respecto ciertas actitudes totalitarias, su desapego a su labor social y su connivencia con una derecha que podría calificarse de cualquier manera menos de democrática y civilizada (sin olvidar su posterior connivencia con la dictadura franquista).
Revisiones históricas aparte, desde 1978, cuando se aprueba la Constitución, España se considera un Estado aconfesional, que no laico. Esto es, el Estado como tal no hace gala de ninguna manifestación religiosa, aunque se deja libertad de culto. Dicho esto, siguen vigentes los acuerdos entre España y la Santa Sede de final de los años 70. Y, a pesar de la promesa de la Iglesia Católica de autofinanciarse, sigue recibiendo de buen agrado grandes sumas de dinero, y no la veo quejarse por ello, del mismo Estado del que ahora reniega. Además, cada vez hay más facilidades para la apertura de centros educativos religiosos.
Entonces, ¿cuál es el problema? ¿El alejamiento entre Jerarquía Católica y Estado? ¿Las leyes sobre el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo? En el primero de los casos, algo previsible en un Estado aconfesional. En el segundo, una muestra de hipocresía y cinismo de los jerarcas católicos acerca de dos temas sobre los que sus vivencias personales son nulas. La puesta en marcha de estas medidas no significan un ataque al catolicismo como religión, son un avance social, algo que al Vaticano siempre le ha producido verdadero pavor.
Y para finalizar una reflexión dedicada a todos y cada uno de los católicos: ¿realmente les conviene tener una curia así, que por un lado ataca el aborto o el desarrollo de derechos para colectivos minoritarios, mientras que por otro mira con comprensión los casos de abusos?

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