miércoles, 6 de octubre de 2010

Eduación sexual a golpe de rosario


La decisión del Gobierno de Francisco Camps de paralizar los cursos de educación sexual en los colegios ha provocado reacciones de protesta en las comunidades educativa y sanitaria valencianas. Desde que la Iglesia Católica mostró su malestar antes del verano por los contenidos de esos cursos, al considerarlos una "visión muy reducida del ser humano", tanto la Conselleria de Sanidad como la de Educación, con el beneplácito del Molt Honorable, se han afanado en contentar a la curia suspendiendo esos cursos y "rediseñanado" sus contenidos, con la promesa de volver a retomarlos en enero.
Lo cierto es que no me sorprende la decisión. Desde la llegada del 'Beato Camps' a la presidencia de la Generalitat Valenciana, la Iglesia Católica ha gozado de privilegios como nunca lo había hecho y los colegios que controla han recibido ayudas y privilegios mientras la escuela pública sigue en decadencia. Sin embargo, la decisión de dar carpetazo a estos cursos es peligrosa en cuanto se priva a los jóvenes de una verdadera educación sexual plena (más cuando educadores y profesionales sanitarios coincidían en la idoneidad de esta formación), de dar a conocer a los chavales las posibilidades que tienen para evitar embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual. Camps está empeñado en cambiar el modelo educativo, en dar carpetazo a la escuela pública fomentando la puesta en marcha de centros concertados y privados y en instaurar en colegios e institutos públicos una educación sexual retrógrada, más propia de la España franquista que de una sociedad moderna y avanzada.
La Curia Católica sigue en sus trece, sigue anlcada en actitudes del pasado, sigue queriendo condicionar la vida sexual de los demás desde su ignorancia, sigue estando en contra de cualquier cosa que signifique progreso, y más si pone en duda la infalibilidad de Dios y de todo el tinglado que tiene montado a su alrededor. Y, por supuesto, sigue anclado al poder como lo estuvo desde su creación. Allí se siente agusto, y más si hay gobernantes como nuestro President Camps, capaz de cualquier cosa con ganarse el favor de la Jerarquía Católica. Aunque Camps debería plantearse sus amistades, más teniendo cuenta los cientos de casos de abusos sexuales perpetrados por religiosos. ¿Qué legitimidad moral tiene la Curia Católica para hablar de educación sexual? Ninguna, por supuesto.

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