miércoles, 15 de septiembre de 2010

UE: Unidad Económica


Cada día tengo la mayor seguridad de que quien inventó el término UE para redefinir a la vieja Europa se equivocó con las siglas. Y nada mejor que los últimos acontecimientos en Francia para explicarme.
El presidente de la República de Francia, Nicolás Sarkozy, ha materializado la expulsión de gitanos rumanos con el argumento de su situación irregular en suelo galo. La medida no tiene nada de nueva, muchos gobernantes recurren a este tipo de medidas cuando sus índices de popularidad están bajos, cuando se quiere lanzar un mensaje al resto de inmigrantes ilegales o cuando se quiere transmitir a la ciudadanía una falsa sensación de seguridad en una época cercana a las elecciones. Todos estos condicionantes se dan en el caso francés.
La respuesta de la Comisión Europea no se hacía esperar, y a través de la Comisaria de Justicia, Viviane Reding, se advertía de las consecuencias de estas medidas. "Se impide la libre circulación de personas, uno de los pilares de la creación de la nueva Europa" se ha llegado a decir.
En las últimas horas, el tono se ha suavizado, pero no el fondo del asunto. Sarkozy, más pendiente de las elecciones, ha decidido que no va a tolerar ni una sola injerencia de la CE en su gestión. Y tiene todas las de ganar. En primer lugar, porque Francia, junto a Alemania, es uno de los pilares de la UE; por tanto, es de esperar que las sanciones de las que hablaba Reding se queden en un brindis al sol. Además, Sarkozy es consciente de la realidad de la UE, una realidad que ha tardado en descubrirse pero que se ha mostrado muy cruda, y es que la tan pretendida Unión Europea nunca ha existido a nivel social. Podría decirse que a nivel económico sí se ha avanzado, se ha facilitado el libre comercio de mercancías y, sobre todo, de capitales. Sin embargo, el desarrollo de políticas sociales y de profundización en los derechos humanos se ha quedado en los cajones de los eurodiputados. Los Estados nunca se han creído el proyecto, aunque hayan hecho ver que sí.
En la Unión Europea importan los argumentos económicos, no los sociales. Sino que se lo digan a los deportados.

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