miércoles, 7 de julio de 2010

¡Joder, que tropa!

¡Qué calorcillo! Con esta frase tan 'ingeniosa' sorteaba Mariano Rajoy a los periodistas que buscaban alguna reacción a la detención del presidente de la Diputación de Alicante, Joaquín Ripoll, por su presunta implicación en una trama de corrupción en la provincia de Alicante.
La Comunidad Valenciana, el otrora granero de votos y principial bastión del PP en todo el Estado Español, se está convirtiendo en un problema. Y no por la pérdida de votos (las encuestas siguen dando una ventaja brutal al PP frente al PSOE), sino porque los tres líderes regionales están implicados en casos de corrupción. El presidente del PP de Castellón, Carlos Fabra, está siendo investigado desde 2003 y ha movido en seis años 5,3 millones de euros, 73 veces su sueldo oficial, en sus 94 cuentas bancarias, y defraudó a Hacienda 1,7 millones. Francisco Camps, líder del PP de la Comunidad Valenciana y presidente de la Generalitar, vuelve a ser investigado por su relación con la trama Gürtel. Alfonso Rus, aunque no está implicado en ningún caso, chirría por sus formas. A este panorama hay que sumar al presidente de la Diputación de Alicante, Joaquín Ripoll.
Las reacciones en el PPCV han sido diversas. Por un lado, el entorno de Camps mostraba prudencia en público, aunque en privado mantienen una satisfacción muy poco disimulada por la situación de Ripoll, que hace unas semanas se convirtió en el principal caballo de los partidarios de Camps. Por otro lado, muy pocos han mostrado su apoyo a Ripoll, salvo unas declaraciones histriónicas de González Pons volviendo a acusar a Ministerio del Interior, Policía y Jueces de urdir una trama contra el PP. Y qué decir de Radio Televisió Valenciana. Si Gürtel no existió, este caso sí que motivó espacios en los informativos. Toda una declaración de intenciones: Camps no se ha pronunciado, pero sus voceros sí lo han hecho.
A pesar de lo que desee Rajoy y sus más fieles, los casos de corrupción en la Comunidad Valenciana han dejado de ser una cuestión regional. El único aval que sostiene a Camps y los suyos es la gran diferencia en votos con el PSOE que mantiene en la Comunidad. Rajoy se equivoca al hacer como si no pasara nada, esperando a que la Justicia le haga el trabajo sucio y creyendo que a los ciudadanos no les interesa los casos de corrupción, sino la crisis económica. Rajoy es muy consciente del mensaje que transmite: la corrupción sólo existe cuando se conocen casos como el de Fabra, Camps y Ripoll, cuando salen a la luz pública. El problema es que este mensaje se vuelve en su contra. Por ahora, Rajoy no puede tomar ninguna medida contra Ripoll, no lo ha hecho ni con Camps ni con Fabra.

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