jueves, 28 de enero de 2010

La guerra eterna


Lo de Villena se veía venir. Más tarde o temprano, el conflicto, antes larvado y ahora a cara descubierta, entre campsistas y zaplanistas (ahora más bien ripollistas), tenía que estallar por algún lado. Muchos dirán que la guerra entre ambas facciones del Partido Popular de la Comunidad Valenciana lleva estallando y en el primer plano de la vida política de la Comunidad Valenciana muchos años. Sin embargo, lo que no es frecuente es ver cómo una alcaldía ganada por el PP con mayoría absoluta puede caer en manos de la oposición.
El conflicto entre Zaplana y Camps se cerró mal en su momento. La marcha del primero a ocupar un puesto en el Gobierno de Aznar posibilitó que el segundo se hiciera con el mando en el PPCV. Zaplana creía dejar todo atado y bien atado, pero Camps le salió rebelde, mostró sus cartas y se hizo con el control del PPCV jugando unas bazas (las de cargarse políticamente a sus rivales políticos) que ahora le están pasando factura. Al principio dejó a algunos destacados zaplanistas en primera línea, una situación hoy inimaginable gracias al control que ejerce Camps en tierras valencianas. Ese control, a pesar de todo, nunca ha llegado a Alicante. Allí los zaplanistas se mueven a su antojo, con José Joaquín Ripoll a la cabeza. La mayor parte del tiempo cada uno se queda en su feudo, a excepción de las visitas que Camps hace a Alicante.
El estallido del caso Gürtel puso en bandeja a Ripoll un motivo para atacar a Camps. No hay más que recordar las constantes manifestaciones de Ripoll al respecto, sobre todo con el famoso episodio del Comité Ejecutivo que reforzó a Ricardo Costa, y que le costó a Camps más de un disgusto.
En los últimos días, además del episodio de Villena, hay echos que han vuelto a colmar la paciencia de Ripoll. Uno, la idea de Cotina de llevar las basuras de Castellón a Alicante. El otro, el afán de Camps de no instalar el nuevo centro de investigación de Microsoft en Alicante. Piensen en cómo se sentirá Ripoll: Alicante vale para traer las basuras, pero no para un centro de investigación.
A mi parecer, Camps comete un error con Ripoll. El jefe del Consell y presidente del PPCV aún no ha entendido que el barón zaplanista es fundamental para que el PP siga manteniendo su liderazgo en la Comunidad Valenciana; Alicante es un vivero de votos grandísimo para que a Camps pueda pasársele por la cabeza ni siquiera no tenerlo en cuenta. Sólo el tiempo lo dirá.

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