martes, 19 de enero de 2010

Inmigración, crisis e hipocresía

En los últimos días estamos asistiendo a algunos movimientos que, aunque no lo parezcan, son preocupantes, y aunque parezcan que no nos afectan directamente, en realidad nos repercuten más de lo que cabría esperar.
Hace unos días, Alfredo Pérz Rubalcaba, Ministro del Interior, presentaba las cifras de inmigrantes llegados en pateras. En 2009 apenas superaron los 2.000, mientras que en 208 sobrepasaban con creces los 4.000. Según Rubalcaba, la "drástica disminución" se daba, en buena medida, a la colaboración en materia de fronteras con países vecinos y por las medidas de la UE para el control de la inmigración irregular. Aunque sea cierto, creo que el análisis del Ministro no es del todo completo. Y es que se le escapa algo que no debe pasarnos desapercibido: hay crisis. No la saco a colación por ser un recurso fácil en estos días. Simplemente, no hay tanta oferta laboral como antes.
Estadísticas aparte, no hay que dejar pasar tampoco la polémica en el ayuntamiento de Vic. Aunque ya se ha dejado claro que se va a actuar y que esta práctica no es algo habitual, sí que me gustaría poner el acento en la hipocresía que se ha instalado en la sociedad española acerca de la inmigración. En época de vacas gordas, parecía que los asentamientos, las chabolas en las que decenas de inmigrantes vivían hacinados, las casa-patera, las condiciones laborales que rozaban la semi-esclavitud, etc, no existían. En ese momento  convenía su presencia, servían a un propósito, aunque desde muchos estamentos se hiciera la vista gorda.
Estos mismos estamentos son los que ahora, en crisis, apuestan por volver la mirada hacia los inmigrantes, pero no para mejorar sus condiciones de vida, sino para culparles de todos los problemas que provoca la crisis. Ahora es muy hipócrita el pretender que desaparezcan, que se esfumen como si nunca hubieran estado aquí, como si nunca hubieran existido.
Y duele ver cómo la sociedad española, tradicionalmente una de las que más emigrantes ha tenido (no olvidemos toda la gente que fue a América Latina en el Siglo XIX o a la Europa más desarrollada el pasado siglo) se olvida de todo esto, y no le importa ver cómo se trata a seres humanos que se buscan la vida, como ya lo hicieron otros hace muchos años.

1 comentario:

  1. Y de ahí al resurgimiento de movimientos neonazis o ultraderechistas con manto pseudodemocrático no hay más que un paso. Al tiempo.

    Un abrazo, rey.

    ResponderEliminar