lunes, 7 de diciembre de 2009

Copenhague, o de cómo todo seguirá igual

Me impresionó el reportaje del pasado fin de semana del País Semanal acerca de las consecuencias del cambio climático y de cómo está afectando en diferentes parte del planeta. Muy oportuno, con la Cumbre de Compehangue a punto de empezar. Mucho revuelo se ha armado con esta cita, sobre todo por las esperanzas que muchos han depositdado en esta reunión.
Personalmente, doy a conocer mi escepticismo. Más o menos se armó el mismo revuelo con la cita de Kioto, y años después se ha demostrado que las grandes potencias no están por la labor, que los países emergentes tampoco y que, mientras tanto, la Tierra se desangra poco a poco, tratando de digerir las cantidades ingentes de gases de efecto invernadero, la tala indiscriminada de zonas boscosas o la cantidad de residuos que cada año tienen que tragarse los océanos y mares.
Y es que esta cumbre viene precedida de las intenciones que tanto el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el primer ministro chino, Wen Jiabao, de mantener su compromiso de reducir las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Muchas buenas intenciones, pero poco contenido. No sé si es por la cercanía de la Navidad.
A pesar de todo, seguramente esta Cumbre se cerrará con compromisos concretos. Sin embargo, habría que preguntarse para qué sirven los compromisos si luego ningún país los cumple y, para más guasa, no hay ningún organismo internacional que los haga cumplir.
La temperatura del planeta sigue subiendo, el clima se hace cada vez más extremo, los polos se siguen derritiendo, cada día desaparecen más especies; y aún hay incrédulos y escépticos (por no llamarlos de otra manera) que afirman que la mano del hombre no está detrás del cambio climático. ¡Cuánto mal ha hecho el primo de Rajoy!

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