lunes, 28 de diciembre de 2009

Cuestiones de estos días

Sirva este último artículo de 2009 para lanzar al aire algunas dudas que me han surgido estos días:
1.- ¿Por qué el señor Díaz Ferrán sigue libre? De todos es conocida la situación por la que han pasado los afectados por la quiebra de Air Comet. El Ministerio de Fomento se ha gastado más de 4,5 millones de euros en fletar aviones para dar servicio a los afectados. Como siempre, son los españolitos de a pie con sus impuestos los que pagan la mala gestión de algunos empresarios. Mientras las miles de personas estafadas (¿cómo llamarían ustedes el hecho de que una empresa siga cobrando por sus servicios sabiendo que va a la bancarrota, y que incluso venda billetes para 2010? ¿Dónde ha ido a parar ese dinero?) trataban de sobrevivir como podían, seguro que el señor Díaz Ferrán ha pasado los últimos días comiendo de lo lindo, en casa, con su familia, cómodo, calentito. Y además, durmiendo a pierna suelta.
2.- ¿Por qué la Curia Eclesiástica se sigue adueñando del término 'familia'? La familia es mucho más que "padre, madre y prole", como decía algún asistente a la concentración por la defensa de la familia. ¿Qué me dicen del resto de personas que forman el núcleo familiar? Por suerte, cada vez acuden menos personas a este tipo de saraos organizados por la jerarquía católica. Los mandamases católicos gastan sus recursos y energías en criticar otros modos de vida que no son los suyos, dejando en un segundo plano a los movimientos cristianos de base de los que hay tanto que aprender y que, desde estas humildes líneas, aprovecho para quitarme el sombrero. Volviendo a la curia, a estos señores les asusta que la sociedad piense por sí misma, que evolucione, que se desligue de las cadenas con las que la Iglesia ha maniatado al ser humano durante siglos, porque al suceder todo esto, se demuestra que su influencia va decayendo.
3.- ¿Por qué la condena a dos periodistas por hacer su trabajo no ha tenido el eco que merece? No sé si será por la coincidencia con las fechas navideñas, pero lo cierto es que estos días ha pasado muy de refilón la condena judicial a dos periodistas por hacer su trabajo. La Justicia reconoce en su sentencia que hicieron bien su trabajo, que el tema sobre el que informaban (supuestas afiliaciones irregulares al PP) interesaba y que beneficiaba a la opinión pública; ahora, les condena por haber publicado en Internet la lista de esas posibles afiliaciones irregulares aduciendo que la red de redes no es un medio de comunicación social. ¿Dónde ha estado metido el juez en los últimos 15 años? ¿Este señor aún escribe a plumilla? Este es el botón de muestra del nivel de modernización de nuestro sistema judicial.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Comida precocinada

Bueno, llegan las Navidades, fechas en las que, además de muchas otras cosas, se come de manera desmesurada. Y saliéndome un poco de lo que es habitual en este humilde blog, quiero romper una lanza a favor de la comida precocinada. Sí señor, nada de platos caseros, guisos hechos con mimo y menús que se disfrutan con los que más quieres. Ahora lo que se lleva son esos magníficos bocadillos envueltos en plástico, donde la mezcla brilla por su ausencia y el pan están tan correoso que haría falta más de una dentadura para masticarlo y tragarlo; esos grandes platos recalentados, también envueltos en plástico, donde la comida tiene el mismo sabor, ya sea carne o pescado; o la ya tan famosa bollería industrial, con un envoltorio muy llamativo y con un contenido que, aunque sabemos que no es nada beneficioso para nuestro organismo, nos lo comemos y, lo que es peor, disfrutamos de él.
Se preguntarán cómo he podido llegar a saber todo esto. Pues muy fácil. En los últimos días, sólo ha habido que darse una vuelta por Barajas y hablar con los afectados de Air Comet para conocer las bondades y excelencias de este tipo de comida. Esta gente no ha sabido apreciar lo buena que está este tipo de comida, y que es mucho más preferible al cordero, besugo, pavo, cocido, marisco, polvorones,... pero sobre todo, a la compañía de los tuyos.
Se quejan por estar atrapados días en el aeropuerto sin que nadie les dé una solución, por haber pagado un billete a una compañía que sabía que iba a la quiebra y aún así los seguía vendiendo (si es que no puedo evitarlo) y, además, por no poder pasar las fiestas con su familia. No se preocupen, el señor Díaz ferrán ya está trabajando en una solución, y si no, les hará un hueco en su casa estos días.
No se atraganten, y apuesten por la comida precocinada, un valor seguro

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Miopía política y ceguera moral

Bravo por Font de Mora. Este señor nunca deja de sorprendernos. La última, y creo que la mejor hasta ahora, ha sido la de no adherirse al acuerdo para que los estudiantes de la Comunidad Valenciana puedan disfrutar de un ordenador portátil. La razón: el tamaño del ordenaro provocará miopía en los niños valencianos. Font de Mora se basa para decir esta tontería en un informe de la Fundación Oftalmológica del Mediterráneo (fundada por la propia Generalitat Valenciana en 1999).
Pues bien. Poco tiempo bastó para que el resto de profesionales saliera a la palestra para desmentir al conseller. La miopía no la causa el tamaño de la pantalla o la letra, sino la predisposición genética y la cercanía de la pantalla respecto a los ojos. La consecuencia: los niños de la Comunidad Valenciana no tendrán ordenadores portátiles.
Y es que cualquier cosa vale. Este señor demuestra no tener entrañas, demuestra que le importa poco la educación de los más jóvenes. Pero no se apuren. Seguramente, en unos meses saldrá a la palestra el tema, pero a la inversa, diciendo que Zapatero es el demonio, nos roba a nuestros hijos y encima no nos pone ordenadores cuando al resto de comunidades, sobre todo Cataluña, esa usurpadora, se los lleva calentitos.
Da usted pena, señor Font de Mora. Entre el conflicto de Educación para la Ciudadanía, las pésimas condiciones con las que mantiene a los profesionales de la docencia y esto último, seguramente entrará en el Guinnes como el primer responsable político que acabó de finiquitar el ya maltrecho sistema educativo valenciano en tan poco tiempo.
Por cierto señor Font de Mora, ya que no hay ordenadores porque la pantalla es pequeña, prohiba también los teléfonos móviles.
Vivir para ver.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Copenhague, o de cómo todo seguirá igual

Me impresionó el reportaje del pasado fin de semana del País Semanal acerca de las consecuencias del cambio climático y de cómo está afectando en diferentes parte del planeta. Muy oportuno, con la Cumbre de Compehangue a punto de empezar. Mucho revuelo se ha armado con esta cita, sobre todo por las esperanzas que muchos han depositdado en esta reunión.
Personalmente, doy a conocer mi escepticismo. Más o menos se armó el mismo revuelo con la cita de Kioto, y años después se ha demostrado que las grandes potencias no están por la labor, que los países emergentes tampoco y que, mientras tanto, la Tierra se desangra poco a poco, tratando de digerir las cantidades ingentes de gases de efecto invernadero, la tala indiscriminada de zonas boscosas o la cantidad de residuos que cada año tienen que tragarse los océanos y mares.
Y es que esta cumbre viene precedida de las intenciones que tanto el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el primer ministro chino, Wen Jiabao, de mantener su compromiso de reducir las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Muchas buenas intenciones, pero poco contenido. No sé si es por la cercanía de la Navidad.
A pesar de todo, seguramente esta Cumbre se cerrará con compromisos concretos. Sin embargo, habría que preguntarse para qué sirven los compromisos si luego ningún país los cumple y, para más guasa, no hay ningún organismo internacional que los haga cumplir.
La temperatura del planeta sigue subiendo, el clima se hace cada vez más extremo, los polos se siguen derritiendo, cada día desaparecen más especies; y aún hay incrédulos y escépticos (por no llamarlos de otra manera) que afirman que la mano del hombre no está detrás del cambio climático. ¡Cuánto mal ha hecho el primo de Rajoy!

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Reuniones

Permítanme que, por una ocasión, abandone la senda de la crítica política para llamar la atención sobre una "costumbre" que tenemos en este país, que es la de mantener reuniones de trabajo, cuantas más mejor, sin lograr sacarles apenas rendimiento.
El otro día, en una emisora de ámbito nacional, oía que el conseller de Educación de la Generalitat Valenciana, Alejandro Font de Mora, había mantenido nada menos que 32 reuniones con representantes de la Plataforma de L'Ensenyament. ¡Nada menos que 32 reuniones! con resultados nada o poco alentadores. No voy a entrar en el conflicto educativo que hay en la Comunidad Valenciana, pero sí en el hecho de que en España aún no somos conscientes de la importancia que tienen estos encuentros de trabajo.
En los países de nuestro entorno tienen muy claro que estas reuniones son para mejorar la estructura y productividad empresariales, para motivar a los trabajadores, para escuchar defectos del funcionamiento de la empresa y mejorarlos; en definitiva, son reuniones productivas, interesantes, participativas. Normalmente con dos o tres de estos encuentros basta.
En España vamos por el camino contrario. Somos dados a convocar muchas reuniones, a horas intempestivas, en las que las críticas o propuestas de los trabajadores suelen caer en saco roto; suelen acabar sin ninguna conclusión clara, y siempre a la espera de la siguiente reunión, a ver si por designio divino se arreglan los problemas. Son poco participativas, siempre hablan los mismos (normalmente los jefes), y tras horas y horas de charla (se ha demostrado que a partir de los primeros 30-45 minutos, la gente empieza a desconectar), nada se soluciona.
Y es que estas reuniones solo son parte de un problema más gordo, que el empresariado de este país, en general, se niega a reconocer: hacer más horas no significa ser más productivo; hacer más horas no significa un trabajo cualitativamente mejor; hacer más horas no significa tener más implicación con la empresa.
A quien corresponda, que tome nota.